ALMUDENA ORTUÑO VALENCIA
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Un portal de Belén que cabe en el cajón de un viejo molinillo de café. A su lado, la misma escena recreada en el interior de una alpargata valenciana o en las entrañas del mecanismo de un reloj. Hay un San José que sostiene un farolillo elaborado con una bombilla rota y también una Virgen María que reposa sobre los restos de una radio averiada. El espíritu navideño se respira en todos ellos.
El anciano artesano que ha dado vida a estas figuras es el fraile capuchino Conrado Estruch, de 83 años, experto transformador de materiales inimaginables. Ayer inauguró su tradicional exposición navideña de belenes en la iglesia de San José de Valencia, tal como viene haciendo desde hace 15 años. Esta vez se compone de 1.100 ejemplares, creados a partir de materiales de desecho que van desde costureros a calculadoras, pasando por calabazas.
El fraile, natural de la localidad valenciana de Ador, utiliza elementos que recoge de contenedores y basureros, "siguiendo el espíritu de pobreza de Jesús". Cualquier objeto es susceptible de convertirse en una pieza de arte: "desde maderas del monte, hasta aparatos que la gente tira", relata. También se inspira en lo valenciano: sólo hay que fijarse en el nacimiento que regaló al Papa, inspirado en una barraca valenciana.
Ha tardado todo un año en crearlos, encerrado en su pequeño taller de la conserjería de Capuchinos. Así, ha conseguido unas figuras "que cada año son más bonitas", según aseguraban algunos de los visitantes. Otros salían por el vestíbulo con los nacimientos que habían adquirido "a un precio que nunca es bastante", decían. Ninguna de sus creaciones tienen precio, pero los visitantes pueden adquirirlas a través de un donativo para fines benéficos. La muestra permanecerá abierta hasta el próximo 25 de diciembre. Quienes la visiten no podrán perderse una de las figuras más destacadas: la que sustituye el pesebre por un paellero.