RAFEL MONTANER VALENCIA
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?No figuran en las estadísticas de accidentes de tráfico, hasta para eso están discriminadas las personas con discapacidad en España. Aunque el parque de automóviles adaptados roza el millón de vehículos en España -más de 90.000 de ellos en la Comunitat Valenciana-, "lamentablemente la Dirección General de Tráfico (DGT) no recoge en sus estudios de accidentabilidad si los coches implicados en un siniestro están adaptados o no". La queja es de Juan Dols, investigador del Laboratorio de Automóviles de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), que ha dirigido el primer estudio que se ha hecho en nuestro país sobre la seguridad pasiva de este tipo vehículos.
Este vacío, que Dols atribuye a la "falta de voluntad política", convierte en un enigma el saber hasta que punto las ayudas técnicas a la conducción que incorporan los automóviles adaptados en el volante -pomos, telecomandos o aros concéntricos- o en la cadena cinemática del vehículo, las palancas de freno y/o acelerador, pueden agravar las consecuencias de un choque para el conductor.
La investigación de la UPV, que ha incluido ensayos de colisiones frontales y laterales con "crash test dummies" -los muñecos que sustituyen a los humanos en las pruebas de seguridad de los automóviles-, ha revelado que algunas ayudas a la conducción pueden volverse en contra del conductor en caso de accidente de una manera trágica.
Así, los pomos, según explica Dols, "dependiendo de su tamaño o del material que estén hechos, pueden rasgar el airbag del volante o romperse y salir disparados contra el usuario". Además, añade, las varillas "en algunos casos se convierten en puñales que se clavan en el cuerpo de los conductores".
Código de Buenas Prácticas
Las conclusiones de este pionero estudio ha servido para elaborar un Código de Buenas Prácticas aplicado al diseño y a la instalación de las ayudas técnicas a la conducción "con el fin de mejorar la seguridad pasiva de los vehículos y reducir el nivel de riesgo de los conductores discapacitados en caso de producirse un accidente", detalla Dols, quien añade que son "muy pocos" los informes de este tipo que se han realizado en el mundo.
Estas sugerencias, que van dirigidas tanto a fabricantes de adaptaciones como a las consejerías de Industria autonómicas que deben homologarlas y al comité estatal de normalización, inciden en que las adaptaciones "deberían ser seleccionadas no sólo en función de la discapacidad del conductor, sino también hacerlas compatibles con los sistemas de seguridad originales ya instalados en el vehículo de serie, como por ejemplo, los airbags frontales o laterales", concluye el director de la investigación.
Entre las propuestas más novedosas de la investigación está el cambio de ubicación de las varillas que permiten acelerar y frenar a los conductores sin movilidad en las piernas. El estudio recomienda que en lugar de debajo del volante "se instalen en un lateral, y que además sean colapsables, es decir que se plieguen o se rompan en caso de accidente", recalca el investigador del Instituto de Diseño y Fabricación (IDF) de la Politécnica.