LEVANTE-EMV VALENCIA/E. P.
¿Qué pasaría si un terremoto de magnitud 7, como el de Haití, asolara España? ¿Se producirían los mismos efectos devastadores? ¿Se quedarían miles de personas enterradas bajo los escombros? No. "Aquí nunca pasaría lo de Haití". Así de claro y rotundo se manifiesta Luis Suárez, presidente del Colegio Oficial de Geólogos que asegura que en España, "existe una normativa sismorresistente adecuada para que edificios e infraestructuras puedan resistir un terremoto de gran magnitud".
La certeza del geólogo no nos preserva de los seísmos. "Nos encontramos en un momento en el que podría haber un terremoto de magnitud próxima a 7 en un futuro no muy lejano en el sur o sureste de España", expresó Luis Suárez.
Detrás de esta aseveración hay un cálculo estadístico, ya que cada sesenta años se produce en España un terremoto destructivo. De hecho en la última década se han registrado diez seísmos de gran magnitud en España.
"Si tenemos en cuenta que el último fue en Granada en 1884, podría producirse otro de magnitud 7 en fechas no muy lejanas", augura Luis Suárez que destaca que España tiene un nivel de actividad sísmica moderada respecto a otras zonas del mundo.
El geólogo precisa que el mayor índice de temblores se concentra en el sur y en el sureste de la península (Málaga, Almería, Granada, Murcia y Alicante), donde existe un área de subducción (hundimiento) entre la placa euroasiática y la africana, con la placa del Mar de Alborán en medio. La segunda zona de riesgo, aunque de menor intensidad, se sitúa en el Pirineo, entre Navarra y Huesca.
"Todavía no disponemos de técnicas precisas que nos ayuden a predecir si un terremoto va a provocarse en una fecha determinada, lo que sí sabemos -puntualiza el geólogo- es que se originan en zonas preseñaladas donde hay contacto entre las placas tectónicas y en las fallas transformantes, con la que produjo el terremoto de Haití".
El efecto colapso del tercer mundo
El presidente del Colegio de Geólogos expresó que un terremoto en un país del tercer mundo ocasiona miles de muertes por el efecto colapso. Por el contrario, en el primer mundo un temblor de esas características tan solo produciría algunas pérdidas.
Como ejemplo paradigmático, Suárez cita el terremoto que asoló en 1999 Armenia (Colombia), de 6.4 en la escala de Ritcher, que causó 25.000 muertos. Mientras que en el terremoto de San Francisco de 1989, de 6.9 grados, tan sólo murieron 64 personas.
La diferencia, indica el geólogo, se debe a que países como Estados Unidos o Japón, "tienen normas antisísmicas que se cumplen a rajatabla".
En España, estas medidas antisísmicas, revisadas en 2007, se materializan en el refuerzo de pilares, vigas y tabiques con armaduras más resistentes y en el incremento de la cimentación de las construcciones.
"Lo más importante es impedir que se produzca el efecto colapso tipo sándwich, es decir que un edificio de cinco plantas se derrumbe y pase a tener solo una como ha pasado en Haití", señala Suárez.
Aún así, cuando se produce un temblor de gran magnitud es inevitable que se ocasionen daños, sobre todo en las edificaciones con varias décadas de antigüedad. Para ello Suárez recuerda que "es competencia de los Ayuntamientos garantizar que las normas sismorresistentes se cumplan en los edificios".