RAMÓN FERRANDO VALENCIA
El Tribunal Supremo ha condenado a la Conselleria de Sanidad a indemnizar con 750.000 euros a un niño por los daños cerebrales que sufrió cuando nació en el Hospital General de Alicante. El menor se quedó sin oxígeno porque fue mal intubado y, además, contrajo cuatro días después una neumonía y una meningitis en la Unidad de Cuidados Intensivos. El fallo incide en que los médicos se equivocaron al aplicar una terapia tan agresiva como la respiración asistida. La sentencia es firme.
Los hechos ocurrieron el 8 de agosto de 1998. El parto, según recoge el fallo, estuvo mal preparado desde el principio. La madre del pequeño tenía problemas respiratorios y asma, pero el hospital no adoptó medidas para evitar que el niño sufriera lesiones al nacer. El bebé no respiraba bien, aunque nadie se dio cuenta hasta que pasó una hora.
Las medidas que se adoptaron después, siempre según la sentencia, también fueron incorrectas. Los médicos intubaron mal al bebé, que cada vez recibía menos oxígeno. El tubo acabó saliéndose porque estaba fuera de la tráquea. A partir de ese momento, el pequeño comenzó a respirar mejor.
El bebé, que ya tenía graves daños por la falta de oxígeno en el cerebro, fue ingresado en la UCI, donde cogió la neumonía y la meningitis. Además, comenzó a tener fiebre a causa de un bacteria que le infectó la sangre.
El pequeño sufrió como secuelas una parálisis cerebral irreversible, ceguera, epilepsia y tendencia a sufrir infecciones respiratorias. Los médicos creen que el niño vivirá de por vida postrado en una silla de ruedas y tendrá graves problemas para comunicarse con su entorno.
La Generalitat alegó ante el Supremo que no se había demostrado la relación entre la mala praxis de los médicos del Hospital General de Alicante y las secuelas que sufrió el pequeño. Sin embargo, los magistrados han llegado a la conclusión de que la cadena de errores provocó las lesiones al niño.