Paco Cerdá | Valencia
?La aparición de una enciclopedia que recoja la información básica de todos los sacerdotes valencianos de 1865 a 1931 ya sería una gran noticia por sí misma. Se llama Presbiterologio valentino, ocupa siete tomos de casi 2.000 páginas y radiografía, en 51.515 datos, los curas de la diócesis de Valencia durante 66 años: sus nombres y apellidos, las fechas de ordenación menor, diaconal y presbiteral, los cargos que ocuparon, las parroquias que dirigieron, la fecha de defunción y el lugar donde se encuentran esos datos. Un trabajo hercúleo. Sin embargo, aún impresiona más conocer cómo ha sido elaborada esta base de datos eclesiástica.
La tarea la ha asumido en solitario el sacerdote Emilio García Sentandreu, de 49 años y nacido en Quatretonda. Don Emilio, ahora párroco en La Purísima de Bétera y el Hospital Moliner, ha rastreado durante seis años los boletines oficiales del arzobispado de 1865 a 1931 y las guías diocesanas de entre 1911 y 1931. Aparte de que no ha obtenido ninguna ayuda económica para realizar la investigación, ha tenido que pagar de su bolsillo las dos únicas copias del Presbiterologio valentino, una para él y otra para el archivo arzobispal, y se ha quedado sin poder imprimir un octavo tomo con casi 500 fotografías que ha recopilado porque nadie se lo financia.
Pero además, don Emilio ha tenido que recurrir a estratagemas que pide no revelar para la consulta de los datos porque, como subraya él mismo, "el arzobispado no ha puesto las cosas fáciles". Las trabas impuestas, según comenta, no han parado de crecer. Ahora, una vez publicados los siete tomos, don Emilio se ha propuesto rescatar del olvido a los sacerdotes valencianos anteriores a 1865. Es decir, completar hacia atrás los datos de su presbiterologio. Para ello debe bucear en los archivos de cada parroquia. "Página a página, libro a libro, parroquia a parroquia", explica. Se ha comprado una mesa de fotografía y una cámara potente para fotografiar esos cientos de miles de páginas. "El arzobispado no me ha dado permiso", lamenta el cura. No obstante, él se ha saltado la prohibición y ya ha microfilmado con miles de fotografías los archivos de nueve parroquias valencianas cuyo nombre omite para proteger a sus sacerdotes de cualquier reprimenda arzobispal.
Preservar los documentos
Si es importante la obra de siete tomos que ya ha publicado para "rescatar del olvido" a los sacerdotes de a pie, su nueva empresa incorpora un valor añadido. "Mi única intención es digitalizar los documentos históricos para preservarlos y evitar que, si se pierden o se queman, nunca más se sepa nada de aquellos sacerdotes de nuestra diócesis", afirma don Emilio. De hecho, no existe copia de esos archivos parroquiales anteriores a 1865. Y el estado de conservación de muchos de ellos, atestigua el autor del presbiterologio, es alarmante. "Muchas veces me encuentro con libros en los que sé que si giro la hoja, me la cargo. Y no lo hago, claro. Esos libros deben restaurarse y después ser fotografiados para que no se pierda la información", explica García Sentandreu.
El sueño de don Emilio es completar los registros básicos de todos los sacerdotes valencianos. "No sé si lo veré acabado", afirma él. De momento, lo que sí ha encontrado en la investigación son algunos casos curiosos. Por ejemplo, el de Vicente Sicluna, "un cura de Valencia que, por culpa de un falso testimonio que otra persona lanzó en su contra, fue desterrado a Navarrés por orden del obispo y allí permaneció hasta que, ya enfermo y muy mayor, lo fusilaron", cuenta el sacerdote.
También recuerda a otro cura de Torrent que fue fusilado sólo dos meses después de su ordenación "Sólo pudo tener una parroquia", subraya García Sentandreu.
Esos datos los ha recuperado en su presbiterologio. Pero no espera reconocimientos. "Yo no quiero medallas, pero tampoco quiero -pide don Emilio- que me pongan palos en las ruedas cuando sólo quiero trabajar."