PACO CERDÀ VALENCIA
Cuando un conseller asume la cartera de Sanidad hay tres hechos inevitables: que anunciará como prioridad la reducción del gasto farmacéutico, que aplicará un ambicioso plan para lograrlo, y que, pese a todo, no lo conseguirá. Así ha ocurrido en los últimos 20 años, un periodo en el que la Comunitat Valenciana ha sextuplicado el dinero público gastado en medicamentos.
En 1989, el gasto autonómico rozaba los 250 millones de euros. En 2009, la factura farmacéutica anual superó los 1.600 millones. Esta cifra astronómica, que equivale a más de 4,3 millones de euros gastados cada día en medicamentos, ha sido el gran enemigo de los gestores públicos de la sanidad. El jueves, el Gobierno y las autonomías pactaron unas medidas urgentes para ahorrar 1.500 millones de euros en fármacos este año a escala nacional. Pero ese intento no es nuevo en la Comunitat.Las políticas desplegadas por la Generalitat para contener este gasto han sido de lo más variadas. Por un lado, Sanidad ha intentado potenciar los medicamentos genéricos y arrinconar los de marca. Con ese objetivo, la conselleria ha retirado de la red de farmacias hasta 42 medicamentos de alto coste que sólo pueden conseguirse en farmacias hospitalarias; también se elaboró, en los tiempos de Vicente Rambla como conseller, un banco electrónico con datos de medicamentos genéricos para facilitar que los recetadores prescribieran el fármaco más barato; e incluso se han aprobado complementos de productividad para los médicos que logren reducir el gasto de medicamentos en su consulta y obvien así las dádivas en forma de viajes que ofrecen los laboratorios farmacéuticos por utilizar sus medicamentos.
Además de estimular a los médicos para que receten barato, Sanidad ha intentado concienciar a la población y controlar sus costumbres farmacéuticas. En 2006, implantó la obligación de presentar la tarjeta SIP en la farmacia para retirar el medicamento. Se pretendía conocer así el consumo farmacéutico de cada ciudadano. Incluso se llegaron a enviar facturas informativas a los pacientes con el coste de los medicamentos que habían retirado con cargo a las arcas públicas.
También se puso en marcha, cuando Serafín Castellano era conseller, la iniciativa de enviar a los médicos una factura que detallaba el ahorro potencial que hubiera conseguido en caso de recetar los medicamentos más baratos. De poco sirvió todo aquello, como de poco sirvió también el ampuloso Plan de armonización de las medidas y objetivos en materia de uso racional de medicamentos que Castellano impulsó en 1999. Y así, el gasto público en fármacos no paró de crecer.
"Examen" de gestores
Sanidad ha estimulado también a los responsables de los centros sanitarios para alcanzar su frustrado objetivo. Si los ambulatorios ahorran en medicamentos, este ahorro repercute en la mejora del centro. Ahora se pretende elaborar una clasificación para saber qué hospitales y centros de salud gestionan mejor sus recursos. Es una especie de examen para sus gestores. En la época de Manuel Cervera, actual conseller, la obsesión por recortar el gasto farmacéutico ha incluido una polémica racionalización de productos farmacológicos como las tiras reactivas, las estatinas o los inhibidores de bomba de protones, medidas que han levantado protestas entre grupos de afectados como los diabéticos.
También se ha intensificado el control sobre los pacientes polimedicados para no dispensarles más dosis de las necesarias. Casi en paralelo, la Generalitat ha potenciado su central de compras conjunta de suministros farmacéuticos para que así salgan más baratos. Asimismo, ha puesto el ojo en las residencias de la tercera edad para que obtengan los fármacos por orden médica y no por receta.
Las últimas medidas adoptadas por el departamento que dirige Cervera obtuvieron en 2009 un resultado positivo a medias. No se redujo el gasto farmacéutico, pero el aumento registrado con respecto al año anterior fue de sólo el 3,06%. Es el menor incremento desde hace más de dos décadas y el tercer aumento más bajo de todas las comunidades. Para 2010, el objetivo de Sanidad es lograr el "crecimiento cero". Es decir: mantener los 1.604 millones de euros de 2009. Esa contención sería un primer paso para curar una enfermedad, la del desbocado gasto farmacéutico, que cada ejercicio daña más las cuentas autonómicas y que parece haberse enquistado en el sistema sanitario.