AGUSTÍ GARZÓ
Una antigua compañera de María José Such que prefiere guardar el anonimato —«porque lo que pienso yo, lo piensan todos», asegura— destaca la vocación de servicio de la joven. Trabajar como educadora en un centro de menores ya es sintomático. Pero, además, mostrar esa permanente ansia de mejorar su formación revela «las ganas que tenía de ayudar a los demás de una manera más útil», recalca. En el centro de Xàtiva —popularmente conocido como La Beneficencia— María José tenía ocasión de desplegar ese amor por los demás, pero sobre todo por los menores favorecidos.
«Feligresa comprometida», dicen de ella desde la parroquia de Navarrés. «Gran colaboradora», destacan desde el movimiento junior diocesano. En la Asociación de Discapacitados de Navarrés también recuerdan su paso. Todos los años preparaba alguna actividad para ellos con motivo de su semana cultural. «Les hacía juegos sensoriales, actuaba de animadora. Era muy solidaria y comprometida, amaba a los niños», resumen desde este colectivo. Son palabras que corrobora Tomás Prieto, concejal de Navarrés, que señala: «Todas las cosas que se están diciendo de ella son fidedignas. Era una excelente persona, amable, extrovertida; siempre dispuesta a ayudar.»
Con esa actitud ante la vida no es extraño que María José encontrara en Alan, su esposo, más que un marido, un cómplice en todas estas inquietudes. Activista de la parroquia de los juniors de La Merced de Xàtiva, su compañero siempre se ha volcado con los más necesitados. Alan también destacó en su grupo rock.