Sin novedad estratégica en el frente popular. Camps reafirmó anoche su compromiso con el argumentario de trazo grueso que tanto rédito ha dado al PP y al Consell: victimismo frente al Gobierno de Zapatero y equivalencia identitaria entre el partido y la Comunitat Valenciana. He aquí la síntesis en una frase: «No van a dejar de hacernos la vida imposible, pero no nos van a parar porque nuestras siglas son las de la Comunitat Valenciana». El presidente denunció el «ataque frontal» de Zapatero, que empezó con la derogación del trasvase del Ebro y ha acabado, dijo, con El Cabanyal para pedir al inquilino de Moncloa que presente un recurso de inconstitucionalidad contra la prohibición de las corridas de toros en Cataluña como hizo con la prolongación de Blasco Ibáñez. Sacó también el «parany» y la falta de financiación «a un millón de valencianos». De la mano de Zapatero van, dijo, «radicales, nacionalistas y separatistas». Todos constituyen una amenaza, cuyo fantasma sacó de nuevo a pasear. Conforme hablaba se iba encendiendo. «Nací valenciano y moriré valenciano al servicio de los valencianos», gritó.