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Santiago Grisolía

«Le ofrecí a Zapatero el asesoramiento de los Jaume I y no nos hizo ni caso»

Santiago Grisolía (Valencia, 1923) acumula una brillante y prolífica trayectoria científica que consolidó durante su estancia en Estados Unidos y que intentó seguir en Valencia a su regreso en los setenta. Desde entonces, Grisolía, Don Santiago, ha sido como las enzimas que protagonizaron la carrera de su mentor y amigo, el Nobel Severo Ochoa: ha activado y acelerado decenas de procesos claves para la Comunitat Valenciana.

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«Le ofrecí a Zapatero el asesoramiento de los Jaume I y no nos hizo ni caso»
«Le ofrecí a Zapatero el asesoramiento de los Jaume I y no nos hizo ni caso» manuel molines

JOSÉ SIERRA
VALENCIA
Una hora da mucho de sí, sobre todo si el entrevistado es Santiago Grisolía. Responde a las preguntas intercalando las anécdotas que no faltan en un hombre de mundo como él. Su respiración solo se acelera dos veces: cuando rechaza que la edad condicione la labor intelectual y cuando critica los excesos, el «derroche» de una parte de la sociedad española frente a quienes, víctimas del desempleo, «lo están pasando realmente mal».

Su amigo Craig Venter dice que la investigación genómica es la base de la nueva revolución industrial. ¿Volveremos a perder el tren? ¿Se puede hacer algo más que prestar las aguas del Mediterráneo?

Creo que sí. Hace algo más de un año vino y me acerque a presentarle al presidente Camps, que se dio cuenta rápidamente de la proyección de este hombre. Venter está trabajando en obtener una bacteria que convierta el anhídrico carbónico en hidrógeno. Camps le ofreció los terrenos y si se logra encontrar la bacteria podría hacer una planta piloto para la fabricación de hidrógeno que tendría un enorme impacto y consecuencias muy importantes para el desarrollo de Valencia.

¿Corren malos tiempos para la ciencia?
La situación actual me recuerda mucho la que se produjo tras la Segunda Guerra Mundial. Ni siquiera Estados Unidos y tampoco Inglaterra tenían un gran desarrollo científico. Pero apareció Churchil y dijo: «buscarme cosas realmente importantes...» y salió la penicilina. La investigación básica es necesaria para traducir después esos experimentos en una aplicación practica, que muchas veces no hacemos. Si no hay recursos, concentremos los esfuerzos,decidamos qué es importante.

¿Un Gobierno puede, si quiere, elevar a corto plazo el nivel de la ciencia en España?
Seguro. La capacidad de movilización de un Gobierno es muy fuerte y hay un ejemplo clarísimo que es Singapur. Quiero decir que investigar se puede hacer en cualquier sitio. Lo único que se necesita es buscar los mejores, pagarles, constituir buenos grupos y darles continuidad.

Insiste mucho en el trabajo en equipo.
Se trata de evitar las envidias, tan habituales en España. Hay que trabajar con tus iguales, sin perder la identidad, pero colaborando con tu grupo. Aquí nos gusta ser más cabeza de ratón que cola de león y los grupos, en Ciencia, son muy importantes. Eso es algo que no interesa mucho lograr en el Centro de Investigaciones Príncipe Felipe: que esos grandes grupos, que existen ya, colaboren más entre ellos.

Vayamos con el Consell Valencià de Cultura ¿Cree usted fundadas las críticas de un cierto inmovilismo derivado de la edad de sus miembros?

La edad no tiene nada que ver con esto. El Consell Valencià comenzó con el cardenal Tarancón y con gente tan mayor o más que él. Lo importante es que mantengas tus neuronas vivas. A la mujer más vieja que se conoce —vivió 126 años—, se le preguntó cuando cumplía 114 años: ¿cómo ve usted el futuro? Y dijo: «muy corto»; es decir que tenía muy vivas sus neuronas.

¿Entonces?
El problema fundamental es disponer de gente que quiera trabajar. Y que no enferme. Se nos han muerto dos miembros, otros arrastran problemas de salud y eso significa que sobre los que quedan activos cae mucha más labor de la que podría hacer. Por ley deberíamos haber renovado la composición del Consell y espero que se solucione este problema. Tocaba hace dos años, pero hacerlo no está en nuestras manos, sino en la de las Corts Valencianes. En cualquier caso, creo que en el Consejo es necesario que exista un porcentaje elevado de gente mayor, porque el joven es más propenso a barrer para sus intereses. Posiblemente yo también lo hice en el caso del genoma humano.

Le supongo al corriente del debate sobre las pensiones y la posibilidad de alargar la vida laboral...
Sí. Es curioso: se necesitan médicos pero a los sesenta años los echan. Y ahora creo que puedes irte de la universidad muy pronto... En Estados Unidos, la edad no es una característica que tenga valor. La edad se relaciona solo con el trabajo que estás haciendo. No es lo mismo el trabajo físico que el intelectual y eso debería estar aceptado. Un niño que nazca hoy en nuestro entorno vivirá 100 años aproximadamente, a menos de que tenga un accidente. Me pregunto qué va ha hacer a partir de que cumpla los sesenta ¿Estar sentado en un banco? Eso no tiene ningún sentido. Es sencillamente malgastar y ése es uno de los pecados mas graves que conozco.

¿Cuál es a su juicio el perfil ideal para el CVC?
Si aceptas una posición como esta tienes que dedicarte a ella, creértela. No traer ideas personales y preocuparse por los problemas de nuestra sociedad, de los grandes y de los pequeños. Grandes los hay, y los hemos abordado desde aquí; por ejemplo liderando los primeros congresos del genoma. La segunda «batalla de Valencia» prácticamente se acabó con la creación de la Academia Valenciana de la Llengua, que salió también del Consell Valencià de Cultura, de lo cual estoy muy orgulloso. Y podría citarle varias más: nuestra sensibilidad con el tema de los incendios forestales... Es curioso lo que ocurre con los arboles. La gente no les hace caso a los árboles, parece que les molesta, pero si nos quedamos sin árboles acabamos con la humanidad.

¿Un crimen contra la humanidad?
Exacto. Estamos intentado conseguir un nombre para indicar lo que en realidad es eso: un incendio forestal provocado es un crimen contra la humanidad, pero es difícil que se acepte este término si hablamos de árboles. Estamos trabajando en eso. Los nombres son importantes.

Recientemente, uno de los miembros del CVC se ha negado a elaborar un informe sobre la entrada de toros de Segorbe...

Manuel Sanchis Guarner es una gran persona y un amigo personal mío, pero la institución debe estar por encima de sus miembros. En estos casos tú votas si o no, incluso puedes hacer un informe negativo. O si te quieres marchar te vas y no pasa nada. Y todas esas opciones entran dentro de los hábitos democráticos. Lo que no puede es intentar armar bastante lío con eso o pretender que el asunto fuera trasladado a otra comisión, porque eso es meterse en la estructura de la organización.

¿Le molestan las críticas?
En una institución como ésta las críticas son importantes, aunque algunas sí molestan. Nosotros hacemos mucha labor que no se ve, sobre todo con los ayuntamientos, y apenas se habla de ella... Por otra parte, la Comunitat Valenciana debería estar orgullosa porque nadie en España tiene una institución similar a ésta. Hay una cosa parecida en Galicia, aunque no exactamente igual: tiene servidumbres políticas. Luego está la que acaban de inventarse en Cataluña... No me gusta. Aquí, lo importante es tener la entera libertad de opinar y pronunciarse sin capacidad jurídica de ningún tipo. Al menos tenemos la posibilidad de que a través de tu comportamiento ético y moral tu opinión tenga un cierto valor. Por eso unas veces nos hacen caso y otras no, como en el caso de la protección de la huerta, donde a pesar de nuestro pronunciamiento y del apoyo de miles de personas la han condenado a desaparecer poco a poco...

¿Nunca se ha sentido manipulado? Algunas peticiones realizadas al CVC parecen ir con carga de profundidad...
No. La mayoría viene de los ayuntamientos y no hay nada torcido en ellas.

¿Qué ha hecho más por dar a conocer el nombre de Valencia: la Fórmula 1, la Copa del América o el desfile de premios Nobel de los premios Jaume I?
La Copa del América. Sin duda.

¿Y sus amigos?
Cada cosa tiene su público diferente. La ciencia no vende muy bien en ningún sitio y aquí menos. Algunas de las personas que nos acompañan todos los años, además de grandes científicos, tienen un enorme poder de convocatoria, también mediático, y sin embargo muchos de ustedes, los periodistas, los ignoran.

Supongo que eso deja a los periodistas al mismo nivel que los políticos... Usted se quejó de que nunca les utilizaban...
No. A los periodistas les hemos pedido ayuda, por ejemplo para que apoyen la causa de los incendios como crimen de la humanidad ,y nos la han prestado. Ahora aprovecho para pedirles que sean también más sensibles al valor que representan los premios Jaume I. Creo que los premios tienen una característica que no tienen otros. Ya no es solo que estén seleccionados por los mejores jurados del mundo, sino que sigan reuniéndose después periódicamente al menos dos o tres veces al año. Es decir, se está conformando una red que no tiene ni color político ni geográfico. Son ya unas 85 personas aproximadamente y esa red puede ser muy importante realizando labores de asesoría para cualquier grupo de poder. Se lo he ofrecido al presidente del Gobierno de España y no me ha hecho caso.

También se quejó del gobierno autonómico...
Camps viene a algunas reuniones, pero aquí tampoco nos hacen mucho caso. Es increíble. Si ahora hay un problema en la Economía y nosotros tenemos a nuestra disposición a algunos de los mejores economistas del mundo no tiene sentido ignorarlos. Estuvieron hace un par de años y entonces el conseller Gerardo Camps dijo que haríamos otros encuentros, pero no se han convocado. Ahora es el momento, cuando hay crisis. Y además es gratis.

Me decía que Zapatero tampoco hizo mucho asunto..
En mi opinión es una pena que tenga la profesión que tiene. Debería ser cómico, actor de teatro. Tiene enormes cualidades para ser un gran actor. Nunca pierde la sonrisa y es capaz de cambiar de papel a cada momento. Nos estamos perdiendo a un gran actor.

¿Cree usted eso de que todos los políticos son iguales?
No, pero la verdad es que ahora mismo no tenemos grandes políticos. Tenemos un tremendo problema con la gente que está en el paro y que no puede comer. Luego ves los excesos de los grandes sueldos o te preguntas para qué necesitas más de dos o tres trajes... Por otra parte, creo que los políticos deberían estar mejor pagados. A veces molestan más ciertos privilegios que el salario, pero lo que me preocupa también es la pérdida de la ilusión democrática, de esa alegría que existía en los primeros años de la democracia y que se ha perdido. Para mí eso es muy grave también y nuestros políticos deberían hacer un esfuerzo para recuperarla.

«Si dejas los laboratorios un año, te quedas fuera de juego»
Usted dejó en los setenta una brillante carrera como investigador en EE UU para dirigir un Instituto Valenciano de Investigaciones Citológicas de incierto futuro. ¿No corrió usted demasiados riesgos?
Confluyeron varias cosas. Me invitó la Fundación de la Caja de Ajorros de Valencia y yo acepte porqué pensé que se podía hacer algo, aunque no estaba muy seguro y acabé tomándome un año sabático. Severo Ochoa andaba buscando científicos y cuando fue el Rey por primer vez a Estados Unidos me llamaron para una entrevista con Juan Carlos I. Estuvimos hablando bastante rato y me habló de su apuesta por la ciencia en España. Después hicimos aquí una gran reunión sobre el ciclo de la urea, en el que yo he trabajado mucho. El director, Jerónimo Forteza, que era amigo, compañero y director del antiguo laboratorio en el que yo trabajé aquí murió pero ya había iniciado la colaboración con la Caja de Ahorros. Muchos de mis amigos insistieron en que yo volviese.... en fin, así comenzó mi reencuentro con Valencia.

Pero no pudo ser...
Hay un problema: en las cajas manda su presidente, y cuando cambia el presidente las cajas también cambian. El primero que me trajo me dijo que «esto», en alusión al Instituto de Investigaciones Citológicas, «será lo que usted quiera».

¿Y usted les creyó?
La posibilidad de trabajar sin tener que rellenar muchos papeles era excelente, pero eso duró poco tiempo. Luego entraron en juego las envidias, la Caja se retiró y llegó entonces la Consellería de Sanidad, pero ya nada fue igual. Las cosas se pusieron difíciles. Me marché, pero estoy orgulloso: hicimos cosas en investigación; de hecho se siguen haciendo cosas. Más tarde vi que el Instituto estaba saturado y pensé en la posibilidad de plantear una iniciativa mucho más grande y ambiciosa y entonces surgió el proyecto del Centro de Investigación Príncipe Felipe. Conseguimos que el ayuntamiento nos diese el terreno, buscamos entre todos las ayudas europeas y ahora hay un espacio para unas 400 personas, lo cual no esta nada mal si hablamos de investigación.

Tampoco es que el centro de investigación Príncipe Felipe atraviese su mejor momento...
Ahora mismo se está, digamos, rehabilitando. Hace unos meses que he vuelto a colaborar con ellos. Tengo una oficina allí y estamos intentado recuperar a sus investigadores.

Parece como si todos los intentos de España para recuperar a las figuras internacionales en investigación estén condenados al fracaso...

No es así, ahora, como entonces, lo importante es crear un espacio para la gente y que no se le engañe. Lo que ocurre es que si pasas más de 4 o 5 años en el extranjero sin cambiar de sitio, te haces con una familia y amigos y es muy difícil volver. A veces me cuesta creer que yo lo hiciera. Mis hijos, mis nietos siguen allí e incluso mi único hermano. Yo no iba a volver, la verdad.

¿No siente una cierta nostalgia por no haber seguido investigando?
Hay que ser consciente de que si dejas los laboratorios un año, estás fuera de juego. En cierta forma es lo que ha sucedido en el Principe Felipe. Algunos de sus líderes se han dedicado más a la política que a seguir siendo un líder en investigación. El centro tiene opciones, medios, gente muy buena, equipos muy preparados. De modo que vamos a ver si con la nueva dirección científica se retoma ese papel. Creo que ése es el objetivo y una de las cosas por las que probablemente se me ha pedido que vuelva allí.

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