J. R. VALENCIA
La primera sesión de control a Fabra no sólo sirvió para poner a prueba al presidente y a los portavoces de la oposición. La fórmula de las repreguntas -introducida por Camps emulando la question time del parlamento británico- supuso el estreno en el cuerpo a cuerpo de los nuevos consellers. En la anterior legislatura llegó a ser habitual que Camps hiciera frente personalmente a las preguntas de los diputados, en su mayoría cargadas de veneno Gürtel. Fabra ayer no tuvo necesidad de sobreexponerse y eligió a Enrique Verdeguer, José Ciscar y José Manuel Vela para replicar al PSPV, Compromís y EU, respectivamente. De los tres, el que más se lució fue Ciscar. Su respuesta al diputado de Compromís, Josep Maria Pañella, que agotó su tiempo sin llegar a formular la pregunta, fue la más aplaudida por la bancada popular. Vela arrancó las risas del grupo cuando aludió a los "progres que beben Moët Chandon" y burlan los impuestos; mientras que Verdeguer, el más serio y menos político de los tres, se permitió alguna que otra licencia al hablar de sus recetas contra la crisis.
Fabra entró en el hemiciclo rodeado de los suyos, pero sin aplausos. Varios pesos pesados no estaban presentes cuando se inició el debate, entre ellos, Rita Barberá y Alfonso Rus , Francisco Camps, Sonia Castedo, Manuel Cervera, Gerardo Camps y Mario Flores.
Por otro lado, durante el pleno los populares vetaron una iniciativa de Compromís para evitar que ningún símbolo religioso presida el acto de jura o promesa de los diputados. La propuesta, apoyada por la oposición, fue defendida por Mònica Oltra, quien recordó que durante acto de jura de los nuevos diputados un crucifijo presidía la Mesa de las Corts. La cruz, que pertenecía al presidente de las Corts, Juan Cotino, es para Oltra una "simbología de la Edad Media". David Serra (PP) tildó el debate de "falaz que nadie pide ni espera" y acusó a Oltra de buscar "la foto fácil".