PACO CERDÀ VALENCIA
Dijo Julio César que la mujer del emperador no sólo había de ser honesta, sino que además tenía que parecerlo. Y esa vieja máxima, también aplicada a los políticos acusados de actos deshonestos, parecen haberla asumido el expresidente Francisco Camps y su antigua mano derecha en el PP valenciano, Ricardo Costa, en la imagen que ambos están trasladando al jurado popular y a la opinión pública durante el juicio por la llamada causa de los trajes.
En las primeras sesiones ha llamado la atención que Ricardo Costa luciera un humilde reloj de plástico de la marca Casio -posiblemente el modelo más común- cuando es conocida su pasión por los relojes ampulosos y de diseño. Además, en una de las conversaciones intervenidas por la policía a El Bigotes, Costa aparece como presunto receptor de un reloj de lujo valorado en 20.000 euros (según Álvaro Pérez) que habría regalado el diputado autonómico y ex alcalde de Alicante Luis Díaz Alperi.
Camps ni siquiera lleva un Casio. El expresidente ha aparecido sin reloj y sin gemelos en los puños de la camisa, dos complementos que Camps usaba en sus actos públicos antes de estallar el caso Gürtel, como atestigua la hemeroteca de este periódico. La imagen de austeridad en las manos del expresidente se refuerza con los abalorios que lleva atados a su muñeca izquierda. Entre ellos figura una pulsera en la que se reproduce el Ave María en imágenes, celdas y colores; un cordón de los que usan los devotos de San Pascual, patrón de Vila-Real y otras localidades; y otro brazalete que se asemeja a un rosario. Precisamente en el juicio han salido a relucir los regalos de El Bigotes a la familia de Camps en la Navidad de 2008, entre los que figuraba una pulsera de piel para la hija del expresidente, pulsera que Camps asegura haber devuelto en su momento.
La descripción de "racanillo" que hizo el abogado de Camps sobre el expresidente, así como la frase del exmandatario de que "uno tiene el sueldo que tiene e intenta ajustarse", contribuyen a esa imagen de austeridad que han querido trasladar los acusados. Otros ejemplos son los trajes de confección (no de sastrería), las camisas sin iniciales bordadas (una práctica que gustaba a Costa) y algo que no parece fruto de la casualidad: Camps y Costa ni siquiera han llevado cinturón. Una puesta en escena muy acorde con su defensa.