TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
Los dos indigentes lituanos que fallecieron en la madrugada del miércoles en una finca abandonada de la avenida del Puerto de Valencia murieron por una grave intoxicación metílica y etílica, al beber un litro de alcohol de 96 grados y otro de alcohol de quemar aromatizado. A ello se unieron, además, las bajas temperaturas, que no habrían sido determinantes por sí mismas, aunque pudieron acelerar la muerte.
Ésa es, en esencia, la conclusión a la que se ha llegado tras la práctica de la autopsia a los dos cuerpos. La policía había recogido en el lugar de los hechos las dos botellas vacías, la de alcohol de curar, que compraron en la farmacia próxima al edificio, y la de alcohol de quemar, adquirido en un supermercado. El segundo es altamente tóxico para el organismo humano, ya que no puede procesarlo. De hecho, el metanol es potencialmente letal para las personas en cuanto la dosis de consumo supera los 20 gramos.
Diligencia en los análisis
La rapidez con que el Instituto de Medicina Legal obtuvo las concentraciones de ambos alcoholes a partir del análisis de las muestras de sangre tomadas a ambos cadáveres ha resultado providencial para salvar la vida de la mujer que vivía con ellos.
De hecho, la mujer, de 35 años, no sólo permanece ingresada en el Hospital Clínico, sino que ayer tuvo que se internada en la UCI al empeorar su estado por las complicaciones propias de las intoxicaciones con metanol e incluso con etanol en concentraciones altas. De hecho, el alcohol de curar es etílico, es decir, el apto para el consumo humano, pero tiene una concentración del 96 por ciento, frente a los 40-45 de los destilados normales o los 12-14 de un vino tinto—.
Nada más conocerse la existencia de ambos alcoholes en la sangre de los fallecidos, sobre todo la de metanol, el Clínico recibió la información y pudo aplicar el tratamiento idóneo para buscar la recuperación de la mujer, que posiblemente se recupere en pocos días.