20 de noviembre de 2015
20.11.2015
Estudio

"Una renta básica de 650 euros al mes es inviable; una de 470 euros es factible pero crearía tensión"

Un estudio del director del Departamento de Economía del CEU-UCH analiza las implicaciones de reemplazar pensiones y prestaciones por una cuantía igualitaria

20.11.2015 | 01:13
"Una renta básica de 650 euros al mes es inviable; una de 470 euros es factible pero crearía tensión"

Una investigación del director del Departamento de Economía y Empresa de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Enrique Lluch, sostiene que una renta básica de 650 euros mensuales para todos los ciudadanos españoles con independencia de si trabajan o no, como la incluida entre las propuestas electorales de Podemos, incrementaría en cien mil millones el gasto actual del Estado español en prestaciones y obligaría a aumentar la presión fiscal por encima de la media europea. En total, costaría 307.290 millones. Por tanto, sería inviable en la práctica.

En cambio, una renta básica de cuantía más reducida, que se situara en torno a 470 euros mensuales, sí que sería viable para las arcas del Estado si reemplaza a las actuales pensiones y prestaciones por desempleo. Todos „trabajadores, parados, estudiantes, pensionistas„ cobrarían esa misma renta del Estado. Quien trabaje, sumaría su sueldo a esta renta.

«Estaríamos incrementando en 27.000 millones de euros el gasto actual. Bastaría con incrementar la recaudación un 2,7% para poder realizar esta política sin incurrir en un déficit mayor, manteniéndonos con una presión fiscal inferior a la media de la UE», señala el profesor Lluch. Con 470 euros por persona sí que sería factible en lo económico.

Sin embargo, en palabras del investigador, no sólo es una cuestión de números sino de mentalidad:«Implantar una renta básica universal, garantizada de manera individual a todos los ciudadanos, independientemente de su renta y cotizaciones previas, rompería con nuestro actual concepto del estado del bienestar: el Estado ya no velaría por mantener nuestro nivel de vida en pensiones o prestaciones por desempleo en función de lo que hayamos cotizado previamente, sino que pasaría a garantizar a toda persona los recursos mínimos considerados necesarios para vivir, independientemente de su contribución previa a la Seguridad Social y de su nivel de renta», afirma Lluch en este análisis incluido en el último informe de coyuntura 2015 del Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión de la Comunitat Valenciana.

En este punto, cuenta el profesor a Levante-EMV, la implantación de una renta igualitaria podría generar tensiones sociales. Porque aquellos que han cotizado más y esperan una pensión más cuantiosa, podrían oponerse a este sistema de solidaridad con el resto de ciudadanos.

Riesgos de «efecto llamada»

Aparte del problema de la transición de un modelo a otro „nadie estaría dispuesto a perder derechos económicos en su pensión„, otro foco de tensión sería el relativo a quién es receptor de la renta básica. «Un país que ofrezca esta Renta Básica „advierte el profesor Enrique Lluch„, puede ser muy atractivo para una emigración elevada y rápida, lo que puede generar, a su vez, unos problemas añadidos que deriven en la imposibilidad de imponer esta política. Por lo tanto, no sólo hay que delimitar si son los nacionales o los residentes permanentes quienes reciben esta Renta Básica, sino las condiciones a partir de las cuales alguien pasa de ser no receptor a ser receptor de la misma».

Explica el profesor de la Cardenal Herrera que, si se excluye de la renta básica a algunas de las personas que habitan el territorio nacional, «se correría el riesgo de establecer la existencia de ciudadanos de primera y de segunda».

A las personas que viven solas, 470 euros al mes no les serviría para abandonar la pobreza, subraya la investigación. «Se incentivaría que la gente viviera junta», dice Enrique Lluch. La cantidad de 470 euros no desincentivaría del trabajo porque es una cantidad que no asegura la supervivencia en solitario y para una pareja (940 euros) limita el día a día. Las labores de la casa (cuidado de mayores, dependientes, niños o del hogar) se verían recompensadas. También se reducirían las desigualdades.

La renta básica replantea totalmente la estructura económica actual: cambia el sistema contributivo por otro de derechos e igualitario. «No se trata pues, a nuestro juicio, de un problema de sostenibilidad o de financiación de la medida, como se quiere mostrar siempre. Se trata de una decisión de mucho más calado», concluye Enrique Lluch.

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