26 de noviembre de 2015
26.11.2015
Terrorismo

La etarra absuelta por asesinar a Broseta alquiló la casa del comando que le mató

Itziar Alberdi admite que estaba en Valencia arrendando el piso para negar que envió un paquete bomba de Toledo a Madrid que mató a dos policías

26.11.2015 | 18:51
Itziar Alberdi y su pareja Juan Jesús Narvaez Goñi, hoy en la Audiencia Nacional.

La etarra Itziar Alberdi Uranga, que fue absuelta del asesinato al catedrático Manuel Broseta que se produjo en marzo de 1992 en Valencia, ha negado su relación con otro atentado cometido unos meses antes alegando que ese mismo día se encontraba en la ciudad del Turia alquilando el piso que utilizó el 'comando' que acabó con la vida del profesor.

Alberdi Uranga y su pareja, Juan Jesús Narváez Goñi, han sido juzgados este jueves por enviar un paquete bomba desde la sucursal de la empresa de mensajería Servitrans en Toledo a su central en Madrid que, el 12 de junio de 1991, provocó la muerte de los dos agentes de los Tedax que intentaban desactivarlo.

Los etarras, que se enfrentan a 296 años de cárcel por este atentado, permanecieron durante 22 años fugados de la Justicia hasta que fueron descubiertos en febrero de 2014 en la localidad mexicana de Puerto Vallarta, donde vivían con sus dos hijos y trabajaban, respectivamente, como masajista y profesora de yoga.

La casa de Valencia
La acusada ha asegurado que en junio de 1991 no estaba en Toledo y que "nunca" ha visitado la ciudad. "Puedo demostrar que en ese momento estaba en Valencia, como ya se vio en otro juicio que tuve anteriormente. El 11 de junio de 1991 (día en que se entregó el paquete en Toledo) estaba firmando un contrato de alquiler en Valencia, en (la calle) Pobla de Farnals. Me hice cargo de alquilar esa casa", ha dicho en relación con la vivienda en la que se alojó el 'comando' que asesinó a Broseta, en la que se encontraron 25 huellas de Alberdi y Narváez.

"En ese entonces me ocupaba de organizar las cosas de la casa de Valencia y de dar la cara en la casa de Valencia", ha añadido la procesada, quien se ha negado a contestar a las preguntas de las acusaciones y ha asegurado, en respuesta a su abogada, que nunca tuvo "ningún conocimiento" del envío del paquete bomba que acabó con la vida de los dos policías.

En relación con las anotaciones que la relacionan con este atentado, ha dicho que únicamente guardaba un cuaderno en el que iba contabilizando "los gastos de la casa y datos que recopilaba de la prensa, de publicidad y de otros colaboradores" de la banda terrorista.

Narváez Goñi también ha negado su vinculación con estos hechos asegurando que nunca ha estado en la capital castellano-manchega. "No tengo nada que ver con esta causa. No conozco la ciudad de Toledo ni he participado en ningún transporte de ningún paquete de Toledo a Madrid", ha recalcado el etarra antes de rechazar que escribiera la dirección que aparecía en el remite del paquete bomba. "Absolutamente esa no es mi letra", ha dicho.

El responsable de la Policía Nacional que estaba al cargo de los trabajos de desactivación ha recordado que se produjo una "fortísima explosión" cuando el paquete, que él mismo calificó de "pata negra", estaba siendo manipulado por los agentes Andrés Muñoz Pérez y Valentín Martín Sánchez.

"Estaba dirigido a un alto cargo y nos daba muy mala espina --ha relatado el mando policial--. Yo les dije: 'Tened cuidado que este paquete puede ser pata negra'. Hicimos una circular de protección de veintitantos metros pero hubo una fortísima explosión. Dos Tedax me los lanzó a la mitad de la calle, semidesnudos, uno muerto y el otro en unos segundos murió. De una furgoneta quedó el suelo nada más. A mí me pasó por encima, un poquito más abajo y me corta el cuello".

El paquete levantó las sospechas de una trabajadora de Servitrans, que pensó que podía ser una bomba por "intuición femenina", según ha declarado uno de sus compañeros. "Me dio la sensación de que era una bomba -ha dicho después la empleada-. Dije que ese paquete me estaba poniendo mala y que no lo quería en la oficina conmigo". Sobre la persona que lo entregó, ha señalado que le pareció que tenía "una mancha o una cicatriz en la cara" aunque no pudo identificar "a ciencia cierta" que se tratara de Narváez Goñi.

También ha declardo como testigo el etarra José Luis Urrusolo Sistiaga, ya condenado por estos hechos. El terrorista ha reconocido que recibió en Zaragoza el material con el que fabricó el paquete, que contenía tres kilos de amonal, y lo entregó a otro miembro de la organización a quien no ha querido identificar.

El teniente fiscal, Jesús Alonso, que ha elevado sus conclusiones a definitivas, ha defendido que el atentado fue cometido por el 'comando Ekaitz', en el que se integraban los dos acusados y Urrusolo Sistiaga. El paquete tenía como destinatario la empresa Construcciones Atocha, que participó en la construcción de la autovía de Leizarán (entre Guipúzcoa y Navarra), que la banda terrorista rechazaba.

Según su relato, Urrusolo Sistiaga confeccionó el artefacto y facilitó la dirección de la empresa situada en Madrid, mientras que Alberdi facilitó la relación de empresas de paquetería ubicadas en Toledo y Narváez se encargó de llevar personalmente la bomba trampa a la delegación toledana de la empresa de mensajería Servitrans.

Además de por el asesinato de Broseta, Alberdi Goñi fue absuelta el pasado 13 de noviembre por el asesinato en 1991 de tres policías que participaban en la desactivación de un paquete-bomba en Villaverde que estaba dirigido al Ministerio de Justicia. El Supremo anuló por falta de pruebas la condena de 119 años de cárcel que había impuesto la Audiencia Nacional.

Narváez Goñi, no obstante, fue condenado en marzo pasado a 60 años de cárcel por el asesinato de dos policías en Barcelona en diciembre de 1991. Él y Urrusolo Sistiaga dispararon 20 tiros a bocajarro a los agentes cuando se encontraban en una tienda de aparatos electrónicos.

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