26 de noviembre de 2015
26.11.2015
Día contra la violencia machista

"Si tocan a una, tocan a todas"

Miles de ciudadanos acuden en Valencia a la manifestación contra la violencia machista, que ha sido de las más numerosas de las celebradas los últimos años - La Coordinadora Feminista afirma que son 75 los muertos en España, con hijos y acompañantes

26.11.2015 | 01:20
"Si tocan a una, tocan a todas"

Quince mujeres víctimas de violencia machista, que no eran anónimas pero que ayer prefirieron silenciar su testimonio, sostuvieron con sus manos por primera vez en la historia de la Coordinadora Feminista del País Valencià la gran pancarta que abría la marcha contra la lacra del maltrato, la vejación, la humillación, la soledad y la desprotección que desde 1995 ha llevado hasta la muerte a 1.390 mujeres que fueron asesinadas en España por sus parejas desde 1995.

Silencio y golpes de tambor para recordar los latidos de tantos corazones de mujeres y niños a los que se les ha arrebatado la vida.

El Parterre estaba a media tarde de ayer más lleno que nunca. Valencia se volcó con las 75 víctimas de violencia machista, no son 48 como dice el recuento oficial, porque también hay que incluir a los once hijos y acompañantes de las mujeres a las que tan cruelmente se les arrebató su derecho a vivir, según apunta Teresa Meana una de las portavoces de la Coordinadora Feminista, organizadora de la manifestación que culminó con un acto de duelo y reivindicación en la puerta del Ayuntamiento donde se leyó un manifiesto.

La presencia de víctimas obligó a montar un operativo policial especial para protegerlas, ya que algunas de ellas están bajo medidas especiales de custodia al encontrarse todavía en riesgo alto de violencia.

Detrás de la descomunal pancarta morada dos filas de mujeres con antorchas encendidas flanqueaban las dos aceras de la calle. Lo más impactante no era la imagen del fuego que crepitaba junto a un silencio de procesión de cementerio, sino los carteles que cada una de ellas llevaba colgado del pecho con el nombre de cada una de las 75 víctimas y la fecha de su muerte.

«Niño Alejandro, asesinado el 10 de febrero de 2015». A la mujer que portaba el letrero no le importó decir a Levante-EMV que se llamaba Mercedes pero lo que no quería eran fotos porque ella también, hace 34 años, sufrió en sus propias carnes y ante la incomprensión absoluta de la sociedad de aquel momento la persistente violencia psicológica del que era su marido.

«En mi época „agrega„el 016 no existía, no tenías opción de sacar dinero del banco ni de hacer casi nada y cuando pedía auxilio a mis padres me decían que me quedara en casa; el mundo me impedía decirle a mi madre lo que estaba pasando porque no estaba bien visto ser maltratada».

«¿Que si me han quedado secuelas? Claro, emocionales. He pasado por muchas depresiones porque te anulan psicológicamente».

Aunque no conoció al niño Alejandro, Mercedes intuye y sabe lo que pudo sufrir el menor y su made hasta el final: «Siento mucha injusticia, mucha deslealtad, no hay respeto, los hombres tendrían que respetar más a las mujeres».

Leyes más fuertes

Uno de los colectivos más recientes y jóvenes, el de Las Lilas, coreaba detrás de su pancarta: «Machista muerto, abono pa' mi huerto», «machista vivo, oxígeno perdido».

Javier Saavedra, el presidente de la Asociación Boliviana en España sede Valencia declaró a este rotativo momentos antes de que arrancara la enorme marcha: «Yo creo que esta manifestación no pone fin a la violencia de género, yo soy partidario de crear leyes más fuertes para cortar la criminalidad actual».

Todos los colectivos feministas, asociaciones, sindicatos, entidades culturales, cívicas y asociaciones de vecinos acudieron ayer a expresarse contra esta violencia de perfil doméstico que tantas vidas de mujer ha arrebatado a lo largo de la historia. Este año, la presencia de hombres fue muy numerosa aunque les obligaron a marchar en un segundo plano para que todo el protagonismo fuera feminista y femenino.

Victoria Castellano, profesora de primaria del colegio Sara Fernández del barrio de San Marcelino insiste en que hay que trabajar mucho desde la escuela para acabar con esa cantinela familiar que los niños repiten en clase: «Mi padre dice que pegue cuando me peguen».

«Esto „indica la docente„ me llega al alma, tenemos que trabajar con los niños, pero también con sus familias porque con el 'ojo por ojo' no se resuelve el conflicto, en las tutorías les enseñamos a pensar en lo que es una respuesta pacífica y otra violenta y a diferenciarlas y algo tan básico como lo que es la paz».

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