13 de febrero de 2016
13.02.2016
Patrimonio rural

Los molinos cogen aire

La Marina Alta llegó a tener 37 molinos de los 88 que existieron en la C. Valenciana a mediados del siglo XIX

13.02.2016 | 20:58
Dieciséis trabajadores rehabilitan ahora los molinos de Pedreguer.

En un litoral erizado de torres vigía, también se alzan otras construcciones de aire más bonachón. Son molinos. O lo que queda de ellos. La Marina Alta, una comarca de cerros barridos por el viento, esconde el patrimonio eólico más importante de la C. Valenciana.

En la Marina Alta, Don Quijote hubiera visto gigantes a diestro y siniestro. Como los molinos del hidalgo de la Mancha, los de esta comarca se han disfrazado de algo que no son. Se suelen confundir con torreones en ruinas. Pero si se mira bien no hay ni rastro de fiereza en esas estructuras de forma cilíndrica construidas con robustos muros de piedra de entre un metro y metro y medio de grosor.

Los viejos molinos (todos ellos se abandonaron a principios del XX) empiezan a coger aire. El Ayuntamiento de Xàbia y la asociación Xàbia Viva, así como vecinos propietarios de alguna de estas construcciones, han restaurado los molinos de la Plana del Montgó. Aquí se conserva, con 11 de estas construcciones, el conjunto más importante de la Comunitat Valenciana. También Pedreguer está ahora recuperando los dos molinos que coronan su Tossal dels Molins. El proyecto lo ha redactado el arquitecto experto en patrimonio Josep Ivars. Las obras, que forman parte del taller de empleo Verd i Pedra, han permitido dar trabajo a 16 vecinos.

Los molinos empiezan así a escapar de la ruina. Sus aspas dejaron de girar hace más de un siglo. El tiempo y el expolio (incluso las pesadas muelas de piedra desaparecieron) fueron socavando estas recias construcciones. Hace unos años, de los molinos solo quedaban sus paredes. La cubierta y la bóveda de un cuarto de esfera del primer piso se habían hundido.

La antiquísima tradición eólica de la Marina Alta, el recuerdo de una actividad básica en la sociedad rural como era la de aprovechar la fuerza del viento para moler cereales, estaban a punto de desaparecer sin dejar rastro.

Por suerte, el viento volvió a soplar a favor de los molinos. En 1977, Seijó Alonso publicó el estudio pionero Molinos de viento en tierras alicantinas. Describía los de la Marina Alta y el Baix Segura. El testigo lo cogió años después Joaquim Bolufer, actual director del Museo Soler Blasco de Xàbia. En 1990, gracias al apoyo económico del servicio de etnología de la conselleria de Cultura, inventarió los molinos de la Marina Alta. En 1993, catalogó todos los de la Comunitat. O lo que ya quedaba de ellos.

Este investigador localizó las ruinas de 46 molinos de los 88 que debieron puntear el paisaje valenciano a mediados del XIX. La concentración más importante se daba en la Marina Alta, donde se conservaban vestigios de 28 de estas construcciones de las 37 que llegaron a funcionar en una comarca que vivía del aire.

En el extremo sur, en las comarcas del Baix Segura, el Vinalopó y l´Alacantí, existió otro núcleo de molinería de viento con 27 ingenios. Mientras, al norte de la Comunitat Valenciana, estas construcciones se levantaban en las estribaciones de la Serra Calderona.

La evidencia del molino más antiguo, destaca el director del museo de Xàbia, es quizá la ruina del Molí de la Font del Llimener, en la Vall de Gallinera, al que se le adivina cierta traza andalusí. Una de las construcciones de la Plana de Xàbia está datada en el XIV. Los molinos, como antes los riuraus, surgen poco a poco del olvido. Son gigantes del patrimonio rural.

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