23 de febrero de 2016
23.02.2016
El expresidente de la Generalitat rompe su silencio

Camps: "La izquierda quiere acabar conmigo, como político y persona"

El expresidente de la Generalitat denuncia una persecución política porque lo ven imbatible en las urnas y proclama que está harto de mentiras e insidias - «Nunca he participado, visto, u oído nada sobre mordidas, yo mismo lo habría denunciado», dice

23.02.2016 | 04:15
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Camps: "La izquierda quiere acabar conmigo, como político y persona"

Había dormido tres cuartos de hora, según el mismo relató a los periodistas, tras pasarse la madrugada en los juzgados tratando infructuosamente de parar la información que lo sitúa como el señor X de la financiación irregular del PP en el marco de la operación Taula. Estaba, además, desentranado tras cinco años sin ofrecer una rueda de prensa y huyendo de los periodistas. Pero, a pesar de estas circunstancias, el expresidente de la Generalitat, Francico Camps, habló ayer practicamente sin parar (preguntas incluidas) durante cerca de 70 minutos. En este tiempo proclamó su inocencia, su indignación y enarboló una teoría de la conspiración, según la cual, la izquierda quiere acabar con él porque lo sigue temiendo políticamente. «Quieren acabar conmigo, como político y como persona», proclamó.

Aunque por momentos, el reloj parecía detenido en febrero de 2009 cuando la pesadilla de los trajes y el caso Gürtel se posó sobre sus hombros, el que habló ayer no era el presidente de la Generalitat ni del PPCV, sino cómo el mismo se autobautizó el 'Ciudadano Camps.'. Convocó a los medios de comunicación, en una sala de un hotel de Valencia tras descartar darla en la sede del partido y en el Consell Jurídic Consultiu, organismo del que sigue formando parte. A las 13. 45 horas comenzó su diatriba. «Estoy indignado, completamente harto», arrancó Camps, quien negó de forma tajante haber participado, visto u oído nada relacionado con «mordidas» en la etapa en la que presidió la Generalitat. «Yo mismo lo hubiera denunciado»

Camps, que calificó de «insignias» y «mentiras» las informacione en este sentido, se consideró víctima de «una persecución y un linchamiento personal y político» de un montón de años» que está sufriendo él y su partido. En su opinión existe un origen oculto detrás de todas las sospechas y acusaciones que pesan sobre él (aludió a la investigación por la Fórmula 1, al caso Noos y de la causa de los trajes) y coincidien con épocas preelectorales. Según afirmó, la izquierda política (se refirió tanto a la valenciana como a estatal) le teme políticamente porque no pudo batirle en las urnas: «Hasta el final van contra Camps, hay que acabar con él, como político, como persona, como profesional», reiteró hablando de sí mismo en tercera persona.

Afirmó estar viviendo un auténtico «calvario» hasta el punto que, confesó, empieza a no creer en el Estado de Derecho. «Es que salgo de una y ya estoy en otra, es un horror», se quejó al tiempo que apeló a la «humanidad» de los periodistas.

El expresidente instó al director general de la Guardia Civil a identificar al agente que supuestamente ha filtrado que está siendo investigado por amañar contratos. Cuando sepa quién es ese «personaje» lo llevaré a los tribunales, avanzó. «Que no me detengan ni mi imputen, estoy harto de imputaciones, si quieren saber algo que me pregunten», clamó. En esta línea, retó a que alguien diga en qué se ha enriquecido o sí ha incrementado sus bienes. «¿Donde están mis chalés, mis caballos, mis coches de lujo», se preguntó. «Tengo la misma casa en el centro de Valencia que compré en el año 2000 proclamó».

El caso de los trajes, su particular espina, centró parte de su intervención. Puso en valor que dimitió antes de sentarse en el banquillo para no perjudicar a su partido y subrayó que el pueblo lo absolvió: «Primero las urnas y depués un jurado popular». Se quejó de que pese a no haber hecho nada, el presidente Puig no le ha pedido perdón y avanzó una demanda contra la vicepresidenta del Consell, Mònica Oltra, por hablar del caso de los trajes en una televisión.

A preguntas de los periodistas, no admitió ningún tipo de error ni responsabilidad en la proliferación de casos de corrupción durante su etapa y afirmó que ponía la mano del fuego por todos sus compañeros, incluido por Alfonso Rus „«hasta por Pablo Iglesias y Errejón, añadió,„ porque creía en la presunción de inocencia. Defendió sobre todo, a la exalcaldesa Rita Barberá, «una mujer extraordinaria», que no asaltó el Ayuntamiento sino que tuvo mayorías absolutas y no se ha llevado en un cuarto de siglo «ni un paquete de rosquilletas». Sólo se mordió la lengua al ser inquirido por su partido. ¿Alguien le ha defraudado?. No repondió. Tampoco habló de los condenados Blasco, Fabra y Hernández Mateo.

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