19 de marzo de 2016
19.03.2016
Tribuna

Preguntas sobre patrimonio en busca de respuesta

19.03.2016 | 00:28

La buena acogida por parte de colectivos como Espiera o el mismo CDL de Valencia y Castelló de nuestro artículo «De arqueología, reglamentos y sabios» (Levante-EMV, 8-01-2016) y el nuevo compromiso del secretario autonómico de Cultura, Albert Girona, de someter a consulta de los eruditos del Consell Valencià de Cultura el irredento reglamento regulador de la arqueología valenciana, nos estimula a exprimir el impase para seguir reflexionando públicamente sobre la arqueología y el patrimonio histórico valencianos.

Si en aquella primera entrega nos centrábamos en cuestiones de procedimiento, señalando la necesidad de que los nuevos útiles reglamentarios surjan, con algunas premisas, de un consenso profesional, empresarial, académico, científico?. Ahora no queremos perder la oportunidad de proponer cuestiones de fondo que deben presidir cualquier reflexión sobre esos métodos. La principal es la propia definición de patrimonio y su derivada que consiste en qué quiere hacer la sociedad valenciana con ese legado secular.

Así la definición de «patrimonio» dista de ser algo asentado e inamovible. Desde la primera acepción del obispo montañés abad Grégoire, diputado de la convención y primer personaje preocupado por los bienes artísticos del pasado y la destrucción de los mismos durante la Revolución Francesa, hasta nuestros días, el concepto no ha dejado de incrementar su complejidad. Por consiguiente el patrimonio cultural, no preexiste hasta que es inventariado y puesto en valor por decisiones políticas cambiantes.

En una primera instancia existen sensibilidades, susceptibles de acabar, transformadas en disposiciones legislativas. ¿Acaso las chimeneas, fruto de un reciente pasado industrial desaparecido, no fueron primero respetadas en algunos planes urbanísticos, para pasar después a ser protegidas por disposiciones patrimoniales? Esa cuestión ontogenética merece una pausada discusión que siente las bases de la política patrimonial de las próximas dos décadas. Las voluntades expresadas a nivel local como la demanda de un proyecto de capitalidad de la romanización en torno a Sagunto (Levante-EMV, 10-02-16) son substanciales, pero requieren de miradas globales de mayor calado.

Esa reflexión debe partir de un listado de interrogantes que aportarán más conocimientos solo por el solo hecho de formularse que las eventuales respuestas, proporcionándonos una idea de las políticas prioritarias a poner en marcha con vistas en un futuro no demasiado lejano.

A modo de listado no exhaustivo se nos ocurren algunos interrogantes agrupados temáticamente.

¿Qué aspectos identitarios pueden contribuir en los próximos años a una nueva política patrimonial valenciana? ¿Qué rasgos culturales deben ser objeto de nuestra atención preferente? ¿Qué nos une a los valencianos? ¿Qué nos une al pasado? ¿Qué proyección de futuro queremos legar a las generaciones venideras? ¿Qué relación queremos tener con un cambiante medio ambiente? ¿Qué nexos queremos privilegiar con las sociedades industriales de los siglos XIX y XX? ¿Con las clases sociales privilegiadas: edificios del poder civil o religioso? o ¿con los vestigios de un mundo rural que se extingue a ojos vista en nuestra Huerta de Valencia?

¿Qué periodos históricos del pasado del actual territorio valenciano son más o menos conocidos? ¿Queremos corregir la tendencia del valencianismo «gótico» de las últimas décadas? ¿Qué religiones del pasado forman parte la personalidad multicultural del presente?

¿Qué identidades culturales vertebraron el actual territorio valenciano? iberos, fenicios, romanos, musulmanes, conquistadores feudales? Y ¿qué peso acordarles a cada una de esas civilizaciones en nuestro imaginario colectivo actual?

¿Qué políticas científicas deben ponerse en marcha para dotar de contenido a cada una de ellas? ¿Nuevas excavaciones programadas? ¿Publicaciones de colecciones on line de los datos primarios de los últimos 30 años de excavaciones de urgencia? ¿Síntesis científicas orquestadas desde la administración y favoreciendo la sinergia de los trabajadores de la arqueología con las universidades y demás centros de investigación? ¿Coordinadas por quién?

¿Qué políticas patrimoniales deben ponerse en pie para traducir el discurso científico a un lenguaje más inteligible por la ciudadanía? ¿Exposiciones estables o itinerantes? ¿Más museos sostenibles? ¿Parques arqueológicos? ¿Manidos centros de interpretación? ¿Festivales de reconstrucciones históricas como el de Tàrraco Viva?

¿Qué función deben cumplir sin duplicidades cada una de las entidades locales y mancomunidades? ¿Qué función y qué papel debe tener la sociedad civil, protagonista de luchas como la de Salvem el Cabanyal?

¿Qué objetivos y sus plazos para el patrimonio? ¿Qué parte ocupa el mismo en la política cultural global de la Comunidad? ¿Hay posibles candidaturas a patrimonio, material o inmaterial, de la Humanidad, como las propias Fallas? ¿Se pueden crear nuevas redes de ciudades históricas de la Comunidad Valenciana, como la red de Juderías? ¿Qué función debe cumplir el patrimonio cultural en la política turística tradicional de las tres s (sun, sand y sea = sol, arena y playa)?

¿Qué sistemas de financiación deben arbitrarse para llevar a cabo esos objetivos? ¿Qué comunidades religiosas han recibido mayor financiación en los últimos años? ¿Cómo aunar sinergias que permitan la financiación pública y privada?

¿Cuál debe ser la formación reglada de las profesiones relacionadas con el patrimonio? ¿Qué funcionarios deben tener una responsabilidad directa? ¿Qué profesiones liberales pueden trabajar en su protección? ¿Quiénes pueden guiar y difundir el patrimonio sin intrusismos profesionales? ¿Qué nivel de formación habilitará a unos y a otros para poder actuar en nombre de la administración?

¿Cómo organizar y gestionar la información derivada de la arqueología preventiva? ¿Qué nivel de transparencia acordar a la información arqueológica sensible?¿Cómo permitir el acceso a los informes y memorias? ¿Qué tratamiento conceder a la «escoria arqueológica» derivada de las propias excavaciones: materiales amorfos por toneladas, depositados en los atestados museos y servicios arqueológicos? ¿Es posible el expurgo del registro material repetitivo o sin interés? ¿Cómo regularlo?

¿Cuáles son las mayores amenazas del patrimonio? ¿Qué trabas existen para su acceso y conocimiento por parte de los ciudadanos? ¿Qué medidas adoptar para su protección y difusión? ¿Qué criterios deben presidir las reclamaciones de las piezas perdidas de la soberanía propia como el Baco de Aldaia? (Levante-EMV, 3-02-16) ¿Cómo queremos regular y canalizar fiscalmente las transferencias y circulación de los bienes patrimoniales?

Todas y cada una de estas preguntas responden a problemas que solo pueden tener respuestas colectivas en una democracia deliberativa, un acuerdo social en el sentido que le da Jürgen Habermas, entre los distintos operadores de este arruinado sector y las administraciones públicas responsables. Sentarlos en torno a una mesa con un profundo y sincero debate objetivo y esperanzado sin las famosas «líneas rojas», superando el dualismo entre teoría y praxis, entre pensamiento y acción, entre estado y mercado.

Si tenemos en cuenta las respuestas y sus aporías, entonces será posible formular el paradigma de una nueva doctrina política cultural y las consiguientes cuestiones normativas patrimoniales de los próximos veinte años. Merece la pena.

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