30 de junio de 2016
30.06.2016
Opinión

Encuestas 26-J ¿Por qué nos equivocamos?

30.06.2016 | 10:14

Tras el pasado domingo electoral, unos de los temas que han suscitado mayor interés informativo ha sido la falta de acierto de las encuestas y sondeos respecto al escrutinio final en las urnas. La investigación de mercados es una técnica estadística que permite conocer la opinión, hábitos y comportamientos de los individuos que componen un mercado en el momento en el que se realiza; mientras que las predicciones sobre lo que sucederá en el futuro mercado están condicionadas por los movimientos de la oferta competitivo y los diferentes escenarios que se produzcan en el entorno.

Por tanto, una encuesta de intención de voto refleja la intención sobre cuál será el futuro comportamiento en las urnas de los entrevistados, de acuerdo a las condiciones que se producen en el momento que se les pregunta. Es una aproximación al resultado real.

Este puede verse modificado durante el tiempo que trascurre hasta la propia convocatoria electoral. Las campañas de los partidos y las actuaciones de sus líderes tratan de mantener o cambiar las inercias de los votantes; pero también se producen movimientos de electores por condicionantes externos Por otra parte, cabe destacar que los métodos utilizados para realizar las estimaciones de voto previas al 26-J son los mismos que llevaron a acertar los resultados en pasados comicios, en nuestro caso en las autonómicas y municipales de mayo del pasado año y publicadas por este diario.

Otra premisa es la excepcionalidad de la situación política. Nunca en nuestra reciente historia democrática hemos tenido una legislatura fallida, una repetición de elecciones y un gobierno en funciones tan duradero, que enfatiza la búsqueda de una solución de mayor estabilidad.
Por último, no haré referencia a los sondeos a pie de urna, las conocidas israelitas, en las que nunca he creído por falta de rigor y que ya describí hace años como «aperitivo informativo para las audiencias hasta que llega la hora del escrutinio final». Es un juego al que las empresas de investigación deberíamos negarnos.

Partiendo de estas premisas, vamos a lo que importa en este momento, que es conocer las causas por las nos equivocamos en las encuestas de intención de voto realizadas en estos últimos comicios.

1º Diferencias de comportamiento entre los que respondieron a las encuestas y los que prefirieron no hacerlo: Las encuestas se nutren de conjuntos de personas representativas de los distintos estratos socio-demográficas y de territorio en una sociedad, y que aceptan contestar a las preguntas del entrevistador. Los resultados obtenidos se extrapolan sobre el conjunto de personas que son contactadas y prefieren no responder. En este caso, las muestras utilizadas (población expresiva) no han sido un fiel reflejo del colectivo que no contesta (población callada)

2º La influencia de las sucesivas encuestas publicadas: Las encuestas publicadas de intención de voto, de forma unánime y desde el principio con la misma tendencia, han tenido una importante influencia tanto en las respuestas de los entrevistados, como en el comportamiento final de los electores: La espiral del silencio es una teoría que indica que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes, lo que supondría en este caso que aquellos entrevistados cuya intención de voto no se situaba dentro de la tendencia general, prefirió no contestar o responder en la línea mayoritaria; aumentando aun más el efecto de opinión predominante

El panorama político señalado por las encuestas movilizó fundamentalmente a los que no estaban de acuerdo con estos resultados y sus consecuencias en forma de gobierno. El voto del miedo acercó a las urnas a ciudadanos que se abstuvieron en los últimos comicios, junto a los que cambiaron su sentido del voto declarado hacia una formación que consideraban más útil.

Por el contrario, la confianza de los más jóvenes y urbanos en que los resultados de las encuestas serian definitivos en las urnas, desmovilizó a una parte de los satisfechos con las expectativas generadas.

3º La incertidumbre tras el Brexit:
Este condicionante externo no pudo ser recogido por las encuestas de intención de voto, pero su influencia es indudable transfiriendo votos hacia la estabilidad de los partidos tradicionales, frente a la mayor incertidumbre de los nuevos partidos.

4º La vuelta al abstencionismo de los votantes de izquierda: Durante las convocatorias electorales de 2015, municipales, autonómicas y generales, se produjo una situación inédita en nuestro país. La abstención se situó en personas con ideología de derecha, seguramente descontentos de las actuaciones de algunos de los políticos de su formación de referencia. Sin embargo, la importante abstención del pasado domingo 26J, vuelve a tener como origen a los votantes de izquierda y, particularmente, a los que dieron su voto a IU en las últimas elecciones.

5º La mayor fragmentación del voto en los bloques ideológicos: Las mayores alternativas de voto en cada posición ideológica dificulta su asignación hacia una de las opciones entre los ciudadanos indecisos, aunque la intención de voto hacia los nuevos partidos es, todavía, menos consistente: Así, una gran parte del sorprendente incremento de voto al PP, se produce desde votantes de Ciudadanos en los últimos comicios que atendieron a la mayor utilidad de su voto. Por el contrario, el sostenimiento del PSOE, se fundamenta en la fidelidad hacia el viejo partido, cuyo desalentador panorama demoscópico motivó a no dejarlo caer.

6º Lo que (casi) nadie se atreve a decir: Yo tampoco diré que los entrevistados mienten. De hecho la práctica totalidad dice la verdad sobre cuál será su comportamiento. Pero la excepcionalidad de la situación política, el previsible resultado en las urnas y sus consecuencias en el gobierno, ha determinado que el comportamiento en las urnas no ha sido, en todos los casos, equiparable a la intención de voto señalada en los sondeos previos.

Debemos preguntarnos: ¿Cuándo votantes de IU decidieron no votar por la coalición que les unía a Podemos? ¿Cuándo votantes de C´s se decidieron por un voto útil al PP? ¿Cuándo regresaron votantes de la abstención a impedir un previsible futuro con Iglesias de líder de gobierno? ¿Cuándo decidieron no acudir a las urnas votantes de la alianza morada? ¿Cuándo decidieron algunos votantes acudir al rescate del PSOE? Porque si cada una de estas decisiones se tomó durante el periodo de campaña o en los últimos días, las encuestas difícilmente pudieron reflejar esta realidad. Pero si la decisión ya estaba tomada, la espiral del silencio, por acción u omisión, es la autentica vencedora del pulso demoscópico.

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