06 de septiembre de 2016
06.09.2016

"Solo pude coger las gafas; si entro en la casa me quemo con ella"

Muchos de los desalojados de las urbanizaciones más afectadas seguían ayer sin saber si el fuego había alcanzado las viviendas o si podrían volver

06.09.2016 | 04:15
"Solo pude coger las gafas; si entro en la casa me quemo con ella"

De las más de mil personas que durante la noche y la madrugada del domingo al lunes fueron evacuadas de sus casas, hoteles o áreas de veraneo, entre 250 y 300 llegaron al instituto Antoni Llidó de Xàbia, donde el ayuntamiento y distintos servicios de emergencia contaron con la inestimable colaboración de muchos voluntarios para atender a quienes no tenían otro lugar donde pasar la noche.

Por la mañana, prácticamente sin haber dormido por culpa de la lógica tensión, las caras eran más de angustia que de desesperación. Y eso a pesar de que muchos de ellos confesaban a Levante-EMV que, todavía con todos los accesos cortados a sus urbanizaciones, ni siquiera sabían si sus propiedades habían sido devoradas por las llamas.

Una mujer francesa, Isabelle, con casa en la urbanización Pinosol, que fue una de las primeras evacuadas, sí tenía la certeza de haberse quedado sin la vivienda. «A las ocho de la tarde llegó la policía y me dijo que teníamos que salir, que no teníamos otra alternativa», señala mientras añade que vio cómo las llamas avanzaban hacia el chalé sin que nadie estuviese actuando en ese momento para impedir que alcanzaran el inmueble y los situados alrededor. «No tuve tiempo de coger nada. Me da la impresión de que lo he perdido todo, la casa y los papeles. Apenas alcancé para no quedarme sin las gafas, porque si llego a entrar en la casa me quemo con ella».

Isabelle, que desde hace tres años vive en Xàbia, se lamenta porque viste lo que en ese momento llevaba puesto, y confiesa que tanto ella como otras personas de la misma urbanización pasaron «mucho miedo» y que todavía en la mañana de ayer su sensación era de absoluto desconcierto. La ciudadana rescata de sus sentimientos un hilo de optimismo y, tras señalar que ella es de aquí, «mitad francesa y mitad española», no tendrá otra opción más que seguir luchando para poder rehacer su vida.

Cristina López, una chica de 22 años de Madrid, llegó hace poco a una residencia alquilada de la urbanización del Tossalet de Xàbia y, con sus diez familiares, estaba esperando en el instituto a que la policía les permitiera regresar. En su caso, el domingo después de ir a comer a un restaurante de la Granadella, apreciaron el terrible espectáculo del fuego.

«Se veían las llamas tan altas como edificios», indica la chica, quien señala que a las once de la noche ya se temían que aquello no iba bien. No le faltaba razón y lo peor aún estaba por llegar porque, a eso de las 2.30 de la madrugada la Guardia Civil se presentó en la urbanización al comprobar que el viento impulsaba las llamas hacia ella. «¡Desalojen, desalojen, todos fuera de aquí», cuenta que les dijeron.

«Ese fue el peor momento», señala Cristina, quien, ya con la calma de la mañana, coincide con el resto de las personas que llegaron al instituto de Xàbia en que, por parte del ayuntamiento, de la Cruz Roja y de los voluntarios, «hemos sido tratados de forma fenomenal».

De Madrid también es Marta, que se hospeda en el hotel El Rodat, situado entre Dénia y Moraira, uno de los establecimientos que tuvo que ser desalojado, en este caso a las tres de la madrugada, al temer las autoridades que el humo del incendio podría causar problemas.

«Nos reunieron en la recepción y nos informaron de que debíamos salir», cuenta mientras se resigna ante la mala suerte, dado que fue el mismo domingo cuando llegaron al establecimiento para pasar unos días de vacaciones en la costa de la Marina.

De la urbanización Costa Nova-Panorama tres personas, un hombre de Lugo, una mujer de León y una ciudadana francesa que recalca su apellido Cortés para reivindicar sus raíces españolas, indican que, en su caso, sí pudieron pasar toda la noche en las casas, pero que alrededor de la siete de la mañana de ayer, cuando las primeras luces del día permitieron vislumbrar la envergadura que durante la noche había alcanzado el incendio, las autoridades optaron por ordenar que salieran.

«En nuestro caso nos han dicho que la evacuación de las casas era solo de carácter preventivo y que, a no ser que cambiara la dirección del viento, no había riesgo de que las llamas llegaran a esa zona, pero aun así esto ha sido una catástrofe impresionante». Lamentablemente a media mañana de ayer el viento cambió de dirección y durante la jornada se tuvieron que mantener, e incluso ampliar, las urbanizaciones evacuadas.

Salida a medianoche

El mismo camino siguió un grupo de veinte jóvenes alemanes procedentes de una localidad cercana a Berlín que estaban alojados en una vivienda alquilada para pasar unos días de vacaciones. En medio del intenso calor que ahogaba Xàbia, uno de ellos que a duras penas se defiende en español indica que, pese a la experiencia, no pasaron miedo. «A las doce de la noche ordenaron que nos marcháramos», señala poco antes de que agradecer la atención recibida en el instituto y de dirigirse de nuevo a los responsables que el ayuntamiento había puesto en ese lugar para atenderles y facilitar que pudieran buscar otro alojamiento.

Aunque la mayoría de quienes tuvieron que salir de sus viviendas o residencias de verano optaron por desplazarse a casas de familiares o amigos, el instituto Antoni Llidó de Xàbia resumía ayer el cosmopolitismo de una localidad rodeada de urbanizaciones donde residen ciudadanos de casi todos los países europeos.

Pero entre los afectados, obviamente, también los hay locales, como Antonio, un joven de Dénia que, junto a su novia, asegura que no dispone de otra vivienda más que la situada en la zona de Pinosol, precisamente una de las que quedó rodeada por el fuego. A la chica los voluntarios de la Cruz Roja la atienden para intentar calmar su ansiedad y no deja de preguntarse si las llamas habrán alcanzado la casa.

En medio del drama, no solo los profesionales han colaborado para atender a los afectados. Numerosos ciudadanos de Xàbia, al ver que el instituto se iba convirtiendo en el punto de recepción, acudieron para arrimar el hombro.

Entre quienes a las diez de la mañana de ayer seguía al pie del cañón se encontraban Tomàs Buigues y sus dos hermanas. «Llegamos a eso de la once de la noche para ayudar», dice Tomàs, al tiempo que, en homenaje a su localidad, señala que desde que se supo que allí se habían concentrado centenares de personas, representantes de asociaciones y peñas locales también acudieron para llevar cuantos enseres y provisiones fueran requeridas. Además, establecimientos comerciales, como panaderías, aportaron su grano de arena y, tanto por la noche como por la mañana, llevaron productos a los desalojados para que pudieran comer.

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