11 de septiembre de 2016
11.09.2016
Nuevo curso político

2017: el año clave del Consell del cambio

Puig encara un curso clave para consolidar su proyecto político más allá de la queja por la herencia recibida - La financiación autonómica y RTVV marcarán la agenda del bipartito

11.09.2016 | 04:15
2017: el año clave del Consell del cambio

Los desafíos del nuevo curso

  • El programa social. ­Consolidar el proyecto político del nuevo Consell pasa por cumplir con el contenido del pacto del Botànic, principalmente con el ambicioso programa social. Junto al problema presupuestario, está solventar los conflictos con los tribunales a cuenta de la sanidad universal y las becas universitarias. El pulso con la concertada estará presente este curso.
  • El pantano de la nueva tele. ­La apertura de la tele, uno de los retos de este curso político, es un terreno pantanoso. El bloqueo actual a cuenta de la elección del consejo rector de la nueva Corporación vaticina lo que está por llegar.  Es de prever que el conflicto vaya a más cuando se trate de elegir a quienes de verdad tengan en su mano el control de la  tele. Conciliar los intereses de los extrabajadores con las aspiraciones de profesionales de fuera
    no le va resultar fácil al Consell, como tampoco cuando la tele eche a andar tener contentos a todos los actores políticos. j. r. valencia
  • El punto cardinal de la financiación. La financiación autonómica constituye la espina dorsal del proyecto político de los socios del Botànic. Pero en este asunto hay dos planos. El primero es político: se trata de la reivindicación estrella del Ejecutivo  (ya lo fue durante los últimos mandatos del PP) y lograrlo sería una victoria indiscuble. Pero luego está el plano práctico, las consecuencias reales para la acción de Gobierno. Por lo pronto, el Consell tendrá que acudir a la partida ´ficticia´ de los 1.3000 millones por la infrafinanciación para cuadrar las cuentas de 2017. Es decir, dará por hecho que tendrá estos ingresos, aunque puede pasar como este año: que los recursos no lleguen. La consecuencia es un nuevo incumplimiento de los objtevos de déficit y un Ministerio de Hacienda que continuará apretando con el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) y  le exigirá recortes.  Con programas presupuestarios susceptibles del tijeretazo y con problemas de liquidez  es evidente que las políticas del bipartito quedan debilitadas. Crecerá también el descontento de los colectivos más desfavorecidos, víctimas de los retrasos en los pagos, a quien el Consell se ha conjurado en rescatar.
  • Relaciones y mestizaje. ­Las relaciones de Consell con el Gobierno están por definir ya que dependerán del color político del futuro nuevo Gobierno. Y este elemento determinará las estrategias de un bipartito que puede destacarse como un gobierno regional a la contra o como  un espejo en el que se mire Madrid. Puig necesita también lograr que el mestizaje con Compromís no se resquebraje. Durante el primer año y medio la  convivencia ha funcionado, aunque con roces. El reto es evitar que la desconfianza avance por la rivalidad electoral. j. r./M.B. valencia
  • El desgaste y la regeneración. ­El desgaste de gobernar podría ser un problema si se dan elementos suficientes que pongan en la picota el discurso de la regeneración de la izquierda. Tras una oposición implacable con los casos de corrupción del PP, los socios del bipartito  están en el punto de mira de la oposición. El reto de evitar escándalos es clave para el próximo curso político.
     

El presidente Puig comparecerá el miércoles en las Corts en su primer debate sobre el estado de la Comunitat. Será el arranque oficial de un nuevo curso político en el que hay asignaturas pendientes, como la reforma de la financiación y el arranque de la nueva tele. Con todo, el principal objetivo es no errar en la diana y consolidar un proyecto de cambio que vaya más allá de la queja por la herencia recibida.

«Pánico de oro». La expresión se acuñó en su momento para describir el trastorno psicológico que afecta a los arqueros sometidos a presión en una competición y que les hace errar en la diana cuando lanzan la flecha. Más tarde el término evolucionó al de «pánico objetivo» al descubrirse que los síntomas pueden ser experimientados cuando se apunta a cualquier otro objetivo. Ese pánico de oro, el miedo a no acertar en lo que resta de legislatura, empieza a sentirse en algunos altos cargos del Consell conscientes de que el tiempo corre y que el Gobierno del cambio debe ponerse las pilas para consolidar un proyecto político que en mayo de 2015 se presentó como el revulsivo a 20 años de política del Partido Popular.

El próximo curso político, que arranca oficialmente esta semana con el debate de Política General, y, sobre todo, el año 2017, supone la hora de la verdad para un bipartito que tras año y medio al frente de la gestión no puede seguir escudándose en la herencia recibida. 2016 entra ya en su fase final y este será el primer ejercicio completo del nuevo Ejecutivo, dueño en solitario de sus éxitos y fracasos. Es cierto que la mochila que han dejado los veinte años de mayorías absolutas del PP pesa y que, sobre todo en materia financiera, limita el margen de actuación. Pero el Ejecutivo de Ximo Puig tendrá que ver cómo cuadra el círculo y lograr que el giro prometido en las políticas de la Generalitat (sobre todo en el ámbito social y de creación de empleo) llegue a los valencianos de a pie.

La empresa es complicada y tiene como principal obstáculo las restricciones presupuestarias. Las cuentas de 2017, en las que el Consell está trabajando, son una prueba de fuego, no tanto por la plasmación de los distintos proyectos, sino por la capacidad del Gobierno valenciano de conseguir una mejora de la financiación que no los deje en papel mojado. Cumplir los acuerdos del Botànic y no tensar en demasía la cuerda con el Gobierno central, obligado a rendir cuentas ante Bruselas por los compromisos de déficit, constituye el meollo de la cuestión. Sin recursos y cogidos del cuello por el Ministerio de Hacienda, el amo de llaves de los fondos, difícilmente el Consell podrá ejecutar y visualizar sus políticas.

Con todo, la relación de la Generalitat con el Estado está por definir ya que dependerá de quien finalmente (y bajo qué condiciones) ocupe el despacho de la Moncloa. 2017 debería haber sido para los partidos con representación en la Comunitat Valenciana un año sin las turbulencias típicas de los procesos electorales. Superadas las autonómicas y teóricamente las nacionales, este debería ser un año donde el protagonismo de los partidos fuera más de puertas para adentro. Sin embargo, los procesos internos congresuales se solapan con un periodo de incertidumbre electoral.

Así, Ximo Puig llegará el miércoles a las Corts con un documento con propuestas, pero sin saber si podrá o no contar con ayuda en Madrid. No obstante, al margen de si se tienen o no aliados, el fin de visualizar fuera de las fronteras de la Comunitat el «problema valenciano» en palabras del presidente, Ximo Puig, es capital. No se trata solo de conseguir un cambio en la financiación, sino de lograr ser un actor con personalidad propia y con el peso y la visibiliad de otras comunidades como las históricas. En el plano de los equilibrios y las relaciones, la cohesión del tripartito es otro de los retos. La idea de la entrada de Podemos en el Consell ha perdido fuelle este verano, al tiempo que el socio externo, que vive un proceso de convulsión interna, está comenzando a ser molesto para los socialistas.

El nuevo curso político tiene otro hito: la puesta en marcha de la nueva RTVV. El primer obstáculo es desatascar las negociaciones actuales, pero a corto-largo plazo el reto es una televisión profesional, que no acabe cayendo en los errores del pasado. La cuestión ética, que tanto espacio ocupa en el relato del bipartito, es también un desafío. El Consell se aproxima al ecuador de su legislatura sin un gran escándalo de corrupción a sus espaldas, pero ya ha tenido que encajar una remodelación por actuaciones poco éticas de algunos de sus cargos. Los vicios de la vieja política que amenazan el discurso de la regeneración.

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