José Sierra, Valencia
A piqueta o con dinamita. Es lo único que queda por decidir para ejecutar el final definitivo de la población original de Loriguilla, un pequeño núcleo sacrificado en la década de los sesenta para hacer posible la construcción del pantano que lleva su nombre.
El Ministerio de Medio Ambiente ha sacado a concurso el derribo de todos los edificios que quedan en pie o ruinosos en la vieja Loriguilla.
El próximo 24 de abril finaliza el plazo de recepción de ofertas y a partir de ahí la maquinaria administrativa no da tregua. Posiblemente al final del verano Loriguilla sea historia y en su antiguo emplazamiento ni siquiera será posible encontrar la huella dejada por los escombros, que serán trasladados a un vertedero autorizado situado apenas dos kilómetros aguas arriba y por encima del máximo nivel de embalse.
El derribo, que afecta a todos los edificios expropiados por la Confederación Hidrográfica del Júcar durante la construcción del pantano, ha salido a licitación por un importe de 215.829 euros y un «holgado» plazo de ejecución de 12 meses, un tiempo más que suficiente para echar abajo los únicos edificios todavía reconocibles: la iglesia, la escuela.
La razón de este derribo, incluido dentro del ambicioso programa de «puesta a punto» de la presa de Loriguilla que ejecuta la Confederación Hidrográfica del Júcar dentro del programa AGUA, es la seguridad y la prevención de «daños a terceros».
En la actualidad, Loriguilla es, a excepción de los edificios citados, un montón de ruinas a las que se accede por una vieja carretera que nace de la CV-35, poco antes de llegar a Calles.
El exilio forzado
Los habitantes de esta población fueron trasladados en 1968 al un nuevo emplazamiento en el Plá de Quart, dentro de las tierras de la Masía del Conde en Ribarroja, ya que dentro del Plan Sur estaba prevista la construcción de una represa o contraembalse del pantano de Benagéber. En 1975, Loriguilla resolvió su segregación definitiva de Ribarroja del Turia y el municipio pasó a residir en una fértil llanura junto a la A-3.
Sus habitantes recibieron tierras de regadío en sustitución de las que quedaron anegadas por las aguas, aunque el el traslado no estuvo exento de dolor para los vecinos. Todavía hoy, algunas pintadas en el muro de la iglesia expresan el desgarro del abandono.
La iglesia
Fuentes de la Confederación Hidrográfica del Júcar explicaron que el derribo de la iglesia, construida en su día bajo la advocación del Bautista es, era, uno de los aspectos más problemáticos de la obra pese a que se trata del edifico que más riesgo ofrece por sus dimensiones, su deficiente estado de conservación y las visitas ocasionales de curiosos y de algún despistado investigador de lo oculto que confunde este templo con el de la vecina Domeño, ya derribado, donde presuntamente se registraban fenómenos paranormales.
Finalmente, el pleno del Ayuntamiento de Loriguilla y el propio Arzobispado han dado luz verde al derribo del templo.