P. G. del Burgo,
Valencia
Aunque todavía son casos aislados, cada día se llega con menos edad al diagnóstico que supone la degeneración progresiva e irreversible de las neuronas: 45, 47 años..., el rápido galope de esta enfermedad ha convertido ya a los afectados de 55 a 65 años en un grupo numeroso. Aunque la Escala de Deterioro Global de Reissberg establece siete etapas en la evolución de la enfermedad (desde los primeros indicios de pérdida de memoria hasta la postración total), lo habitual es dividirla en tres fases: en la primera los pacientes no aceptan lo que tienen y no quieren trasladarse a los centros de día. Es el momento más adecuado para iniciar la recuperación cognitiva y retrasar el proceso degenerativo. En la segunda fase, los enfermos asisten al Centro de Día y su estado es variable, pueden estar aparentamente bien y tener muy poca percepción de la realidad, no reconocer a los familiares, tener incontinencia, afasia, desorientación... La última fase es cuando están encamados en residencias o en el domicilio. En estos casos las familias reciben el apoyo de los fisioterapeutas y de las auxiliares de la asociación que trabajan con los enfermos y enseñan a los allegados a moverlos para que no se lesionen.
Con Alzheimer se pierde la memoria en el mismo orden en el que se ha aprendido, explica la psicóloga de la asociación Ana Morón: «
Primero se olvidan de los nietos, luego de los hijos y suelen confundir a los cónyuges con sus padres, sufren una involución total»
. Otra característica es que muchos no recuerdan su cara con la edad que tienen, ya que solo se acuerdan de la que tenían a los 30 años, «
entonces se vuelven locos, tienen alucinaciones, creen que les persiguen porque para ellos su cara es un rostro extraño, por eso muchas veces recomendamos que se retiren los espejos»
, indica la trabajadora social, Sonia Sánchez.
Lo habitual en las parejas con uno de ellos afectado es que el cónyuge sano cuide al enfermo.
«Para nosotros es mucho más problemática la familia y de hecho uno de los objetivos fundamentales de la asociación es cuidar a la familia para que pueda cuidar al enfermo»
, refiere la presidenta, Julia García. La esperanza de vida habitual de un afectado suele rondar los 20 años. Y algunos cónyuges cuidadores mueren al año o escasos meses después.