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Los riesgos de las drogas al volante

Los estupefacientes provocan excitación, pérdida de visión, embriaguez o calambres

 
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José Parrilla, Valencia El pasado fin de semana, la Guardia Civil puso en marcha una campaña pionera para detectar el consumo de droga en los conductores. Hasta ahora, ese tipo de trabajos, que en esta ocasión se limitó a las provincias de Zaragoza y Badajoz, sólo se habían enfocado al consumo de alcohol, pero la sospecha de que muchos accidentes podían tener relación con los estupefacientes, sobre todo los que afectan a la población más joven los fines de semana, les hizo dar una nueva vuelta de tuerca en este sentido. Y el resultado fue que un 7,5% de las 409 pruebas realizadas dieron positivas, un dato suficientemente alto como para que la DGT se proponga ampliar esta experiencia al conjunto del país.
La pregunta es cómo afectan las drogas a la conducción. Antes de esta campaña, esa misma pregunta se la hicieron los responsables de la Dirección General de Tráfico y el nuevo fiscal especial para la seguridad vial, Bartolomé Bargas, y la respuesta la dio el catedrático de Seguridad Vial de la Universitat de Valencia y presidente de la Fundación Española para la Seguridad Vial, Luis Montoro. «El uso de sustancias psicoactivas puede alterar las funciones cognitivas-motivacionales y de personalidad del conductor y disminuir las condiciones psicofísicas necesarias para una óptima conducción», concluyó Montoro, quien recuerda que un 3,4% de las personas reconoce haber conducido bajo los efectos de alguna droga y que el 58,4% de los accidentes mortales se debieron a conductores que habían tomado alcohol, estupefacientes o medicamentos.
Efectos concretos
Si seguimos los parámetros de consumo más frecuentes entre la población, de la primera droga que hay que hablar es del hachís, una sustancia consumida al menos una vez en la vida por el 28% de la población y cuyos efectos básicos son sensación de bienestar, relajación y somnolencia. «En un primer momento -precisa el profesor Montoro- puede producir una vaga sensación de vértigo y euforia y una especie de estado de ebriedad. Posteriormente genera hipersensibilidad con trastornos perceptivos del espacio y del tiempo (confunden colores y señales), disminuye la capacidad de reacción y potencia la agresividad. Y en su etapa final facilita el adormecimiento y la fatiga».
Por su parte, la cocaína, probada alguna vez por el 7% de los españoles, produce la desaparición de inhibiciones, euforia, hiperexcitación y taquicardia, «todo lo cual tiende a disminuir la percepción del riesgo y a disparar la tendencia a aumentar la velocidad y las conductas arriesgadas». La cocaína, dice el informe, puede producir también alucinaciones y delirios, alteraciones de la visión y pérdida del control psicomotor que afecta a la concentración.
Un derivado de la cocaína, el crack, cuyo consumo es menor (lo ha probado el 0,6% de la población), tiene los mismos efectos, según el profesor Montoro, pero «fumada, es unas diez veces más potente». Puede provocar, por tanto, «psicosis paranoides agudas, crisis de angustia, alucinaciones táctiles, irritabilidad, comportamientos directamente agresivos y frecuentes suicidios». Drogas de diseño Dentro de las denominadas «drogas de diseño», el éxtasis es la más consumida (4,4%) y afecta a la conducción de manera directa. Los estudios a los que hace referencia la Fundación Española para la Seguridad Vial hablan de problemas de concentración, depresión, ansiedad e insomnio, visión borrosa, ilusiones y pseudoalucinaciones, efectos analgésicos y sensación de ligereza corporal y flotación. En el terreno más físico puede producir taquicardias, hipertensión, palpitaciones, hipertermia y hipertonía muscular. «Son drogas -explica el profesor Montoro- consumidas preferentemente de forma recreativa por grupos de adolescentes, que los fines de semana aprovechan sus efectos estimulantes para acercarse a un ideal compartido por muchos de ellos: vivir sin dormir».
En último lugar está la heroína. Su consumo (1%) «propicia -según el informe- conductas arriesgadas y violentas, afecta negativamente a la visión y altera la capacidad de reacción del conductor». «Conducir bajos los efectos de esta sustancia es bastante difícil y altamente peligroso», sentencia Montoro, quien advierte, para esta y para el resto de drogas, que sus efectos dependerán de la cantidad y calidad del producto, de las mezclas, del tiempo de adicción y del estado físico y psíquico de quien las toma.

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