J. M. Rambla,
Sagunt
Nada menos que 41 millones de euros se repartirán los treinta empleados de cocina del hospital de Sagunt que el pasado viernes se vieron agraciados con el primer premio del Euromillón. Tres hombres y 27 mujeres -en su mayoría vecinos de Sagunt, excepto dos de ellos que residen en Petrés- vieron así como un golpe de suerte les ha cambiado totalmente la vida. Cada uno de ellos apostó dos euros por los que ahora se llevará a casa algo más de 1,3 millones.
Y ninguno de ellos faltó a su puesto de trabajo al día siguiente, pese a los temores de la dirección.
«No íbamos a dejar a los enfermos sin comer»,
comenta Maricarmen, una de las agraciadas que, pese a las reservas que todos muestran a la hora de hablar, no puede esconder una sonrisa cuando se le pregunta por el premio.
«De vez en cuando solemos jugar, cuando hay un bote importante»,
señala al tiempo que destaca:
«De hecho ni siquiera jugamos una combinación concreta, ha sido la que nos sacó la máquina».
Un cocinero fue el encargado de sellar el boleto.
«Él es de Sagunt, pero sus padres viven en la Vall d'Uixó y por eso lo selló allí»,
comenta otro de los premiados. El mismo cocinero guardó el boletó y fue él quien el sábado descubrió que les había correspondido el premio millonario, cuando durante un descanso entró en internet para conocer la combinación ganadora.
«Inmediatamente se lió la Mari Morena»,
comentaba.
Sin embargo, digerida la alegría primera, ayer la prudencia y el silencio era la norma. Aunque a veces la contención quedaba rota por alguna explosión de espontaneidad.
«¡Ya era hora! ¡ Ya era hora!»,
gritaba un joven mientras abrazaba en volandas a su madre -una de las ganadores- cuando la recogía en la puerta del hospital al salir de su turno de trabajo. Dentro de un coche una joven la esperaba también entre risas y con una bandeja de pasteles en la mano.
Antes de marcharse, la afortunada era rotunda cuando se le preguntaba si iba a continuar trabajando.
«Ya he venido a trabajar»
, repetía. Y es que esa era una de las preguntas que todos se hacían al conocer la noticia.
«Dicen algunas que seguirán trabajando»,
comentaba una limpiadora que se encontraban ayer en esa sección,
«pero yo creo que muchas, por no decir todas, se irán».
Una perspectiva envidiable
Una perspectiva que a la mayoría parecía envidiable:
«Yo me alegro por ellas, y también por las nuevas que tendrán que contratar si se marchan, a las que en cierto modo también les habrá tocado la lotería»
, señalaba
.
La otra cara moneda eran las diez pinches que no participaron en el boleto. A algunas, el semblante serio y cabizbajo las delataba. En otros casos se lo tomaban con filosofía:
«Simplemente tenía fiesta el día que decidieron jugar»,
comenta con asumida resignación el empleado de una empresa que presta servicios en la cocina del hospital.
En cualquier caso, mientras las beneficiadas por el premio deciden cómo afrontar su nuevo destino, los primeros dispuestos a asesorarlas en representación de distintas entidades bancarias, hacían su aparición por las puertas hospitalarias.
Y mientras la noticia se propagaba como la pólvora, ese deseo tópico que siempre acompaña a los sorteos de lotería, cobraba ayer un especial significado en el centro hospitalario saguntino:
«Por lo menos, que tengamos salud»
.