R. Montaner,
Valencia
Sergio Pastor era ayer el hombre más feliz de la Tierra. El mismo día en el que firmaba junto a otros de científicos internacionales un artículo en la revista
Science
que supone el nacimiento de una una nueva astronomía, aprobaba en Madrid una oposición para científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Física Corpuscular (IFIC) de Valencia.
«Se ha juntado todo, y muy bien porque si no saco la plaza, ya no hay más artículos»
, dijo Pastor al ser preguntado por la feliz coincidencia, aunque añadió que no está
«disfrutando todo lo del artículo de 'Science'»
porque ha estado volcado en una oposición con la que ha puesto fin a 13 años de becario y de contratos precarios como investigador.
Pastor, nacido en Valencia hace 36 años, es un ejemplo de lo difícil que es investigar en España. Acabó la carrera en 1994 en la Universitat, leyó su tesis doctoral y se marchó a investigar a Alemania e Italia. En total seis años de becario.Volvió a Valencia gracias a los contratos temporales para investigadores postdoctorales del programa Ramón y Cajal del Ministerio de Educación. Este plan de
recuperación de cerebros
, creado para atraer a investigadores españoles en el extranjero, le ha permitido trabajar siete años -los últimos cinco en el IFIC- con una cierta estabilidad laboral y desplazarse a Argentina para investigar la presencia de neutrinos (partículas elementales sin carga) en los chubascos cósmicos detectados por el observatorio Pierre Auger.
La finalización de los contratos Ramón y Cajal -con una duración limitada en principio a cinco años- significa un nuevo abismo para los científicos que no logran una de las escasas plazas que convocan los organismos públicos en un país donde la empresa privada apenas invierte en investigación. Pastor salvó ayer ese precipicio que amenazaba con cortar su prometedora carrera de investigador.