A. G., Valencia
Las consecuencias en cifras son que la instalación acoge, a día de hoy, a 76 internos, cuando la capacidad legal es de 48, aunque puede albergar sin excesivos problemas hasta 60. Ello ha provocado que algunos menores (alrededor de una docena) tengan que dormir en colchones puestos en el suelo de las habitaciones e impide que los educadores puedan desarrollar un trabajo normal de integración con ellos.
La Conselleria de Bienestar Social admitió ayer que el centro acoge a más niños de los que caben oficialmente, pero quitó tintes dramáticos a la situación. «Todos están perfectamente atendidos y no duermen en el suelo», aseguró una portavoz del departamento de Juan Cotino. Añadió al respecto que en enero próximo la Comunitat Valenciana contará con un nuevo local de primera acogida (será el sexto) y que se está estudiando la creación de otro centro más en la ciudad de Valencia (además del de Monteolivet hay uno específico para menores inmigrantes en el Cabanyal).
Sin embargo, el panorama que ofrece la Federación de Servicios Públicos de UGT de la realidad del centro es bastante más penoso. El sindicato envió la semana pasada un escrito al vicepresidente Cotino en el que denuncia la situación de hacinamiento y expone que incluso hay un orden de lista para poder dormir sobre cama, turnos para el aseo personal y las duchas y también para el comedor.
La organización agregó ayer que «la saturación es tan grave que los menores han de dormir en la sala de televisión, utilizando cojines de los sillones». En el comedor, continúa la nota de prensa, han de estar siete u ocho jóvenes en mesas que son de cuatro. Para FSP, existe un «maltrato institucional» de Bienestar Social hacia estos menores.
Una de las claves de la elevada presencia de niños inmigrantes en los centros inmigrantes es que a los nueve meses de su internamiento tienen derecho legal a obtener permiso de residencia si no han podido ser devueltos con sus familias en sus países de origen.