Alfons Garcia, Ciudad del Vaticano.
enviado especial
El cardenal Agustín García-Gasco ya tiene el anillo que simboliza su alianza con el obispo de Roma y su fidelidad a la Iglesia. Benedicto XVI se lo entregó ayer durante la misa que presidió en la Basílica de San Pedro, en la que hizo hincapié en que la paz y la unidad de los cristianos debe ser la prioridad de los Príncipes de la Iglesia.
La distribución de los anillos se produjo después de la homilía del Papa. Los 23 nuevos purpurados, que volvieron a estar situados alrededor del altar y que se diferenciaban del resto de cardenales por vestir casulla -eran concelebrantes- y portar sólo el solideo rojo, se levantaron de sus butacas y se dispusieron de pie junto a una escalera lateral, siguiendo la circunferencia del altar.
El arzobispo de Valencia fue el quinto en subir. Hizo una reverencia con la cabeza ante el trono del Papa y se postró ante él. El Pontífice le entregó entonces el anillo dorado al tiempo que pronunciaba la fórmula de imposición, que repitió con los 23 purpurados: «Recibe el anillo de la mano de Pedro y sé conocedor de que con el amor del Príncipe de los Apóstoles se refuerza tu amor hacia la Iglesia».
Bajó después los escalones por el lado contrario y volvió a su butaca, en la zona opuesta a la del sábado, durante la ceremonia de creación de los cardenales.
Acto menos espectacular
El acto de ayer fue menos espectacular y de carácter más religioso. Sólo sonaron algunos aplausos cuando Joseph Ratzinger entregó los anillos, pero como no pronunciaba los nombres de cada uno de los receptores era complicado identificarlos para los fieles, que en estas grandes celebraciones vaticanas se encuentran lejos del altar debido a la afluencia de cardenales, obispos y autoridades civiles. La expedición mexicana fue la más hábil en la identificación -o la menos tímida- e hizo sonar las palmas e incluso sacó banderolas cuando el arzobispo de Monterrey, Francisco Robles, se hizo con el anillo.
El ritual sólo se alteró -como ya sucedió el sábado- al tocarle el turno al franciscano ex rector de la Universidad Lateranense Umberto Betti, de 85 años y con dificultades de movilidad. No se arrodilló y auxiliado por dos jóvenes sacerdotes bajó por el lugar más cercano a su silla.
García-Gasco volvió a estar acompañado ayer por las más altas autoridades políticas valencianas: el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. A diferencia de la jornada anterior, no tuvieron ningún problema con el protocolo y ambos ocuparon los dos sitios que tenían asignados en la segunda fila. Por delante de ellos no tenían a ningún representante del Gobierno central, porque la vicepresidenta no acudió ayer a la misa y tampoco el embajador de España en la Santa Sede, Francisco Vázquez, quien por la tarde ofreció una recepción a los tres nuevos cardenales españoles: el arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, y el jesuita Urbano Navarrete, además de García-Gasco. Camps volvió a lucir el frac y Barberá, teja y mantilla negra. Fueron de los pocos que optaron por la etiqueta completa. Al margen de los representantes de órdenes históricas, ataviados con vistosos uniformes, la mayor parte de autoridades optó por el traje y la corbata. También las esposas de Alfonso Rus y Fernando Giner se pusieron la mantilla.
Al presidente catalán, José Montilla, no se le vio en la ceremonia eucarística de ayer, en la que sí estuvieron en cambio el ex mandatario Jordi Pujol y su delfín en la democracia cristiana catalana, Artur Mas.
«Dar la vida por la Iglesia»
El Papa recordó a los cardenales durante su homilía que con el anillo «están constantemente reclamados a dar la vida por la Iglesia». Esta, apuntó más tarde con firmeza, es «depositario del misterio de Cristo: lo es con toda humildad y sin sombra de orgullo o arrogancia».
Benedicto XVI insistió a los purpurados, en la línea de sus palabras del sábado, para que trabajen por la paz. Que «la oración por la paz y la unidad constituya vuestra primera misión». Asimismo, en el rezo del ángelus posterior a la ceremonia de entrega de los anillos, ha llamado a rezar por el fin del conflicto en Oriente Medio ante los centenares de fieles congregados en la plaza de San Pedro, donde empezaba a caer una fina lluvia.