J. P.,
Valencia
«Que nadie se preocupe, nosotros entramos y en dos minutos acabamos con esto limpiamente
». Con estas palabras tranquilizaban a los compañeros de los funcionarios secuestrados los responsables de la Unidad Especial de Intervención (UEI) de la Guardia Civil instantes antes de que finalizara el motín.
Los propios funcionarios están impresionados por su seguridad y su sangre fría, propia de la unidad de élite número uno dentro de las fuerzas de seguridad españolas.
Creada en 1982 y con base en Valdemoro (Madrid), la UEI está compuesta por no más de cincuenta profesionales entre los que hay negociadores, especialistas en el uso de tecnologías y fuerzas de asalto dotadas con las armas más sofisticadas, todos ellos con una capacidad física y mental sobradamente acreditada.
Dura selección
De hecho, para formar parte de este grupo se valora la experiencia en otros cuerpos como el GAR (Grupo Antiterrorista Rural) o los GOES (Grupo de Operaciones Especiales) y hay que pasar una dura selección que al final sólo permite la entrada de uno por cada noventa aspirantes. Es más, luego hay que hacer un año de formación especializada centrada en la resistencia y la frialdad mental y mantener ese nivel formativo una vez integrado en la unidad.
Sólo así pueden garantizar la eficacia en sus misiones, limitadas básicamente a pisos francos, secuestros, aviones y motines en las cárceles. Lo normal, según las fuentes consultadas, es que no tarden más de treinta segundos en una intervención y desaparezcan del lugar de manera inmediata.
En su curriculum hay una veintena de comandos terroristas, secuestros como el de Ortega Lara, diecisiete motines en centros penitenciarios y servicios especiales como la protección del Papa Juan Pablo II en su visita a España. También participaron en los crímenes de Puerto Hurraco, o el secuestro del director de una mina en Reinosa.