S. S., Valencia El consumo de agua embotellada, tanto en casa como especialmente en los restaurantes, se ha convertido en una actitud tal habitual como innecesaria en la mayoría de los casos que acaba acarreando un gasto extra a los ciudadanos y considerables afecciones negativas en el medio ambiente.
El Observatorio Mundial (Wordwatch Institut) acaba de advertir sobre el incremento «frenético» de agua en botella, y no duda en asegurar que se trata de una tendencia que acarrea «problemas al planeta».
La Comunitat Valenciana no es ajena esa situación. Según datos del año pasado, cada ciudadano consumió cerca de 135 litros de agua embotellada, una cifra que representa el 5 por ciento más que en 2005. En el extremo de la exageración, ya no resulta tan insólito encontrarse con establecimientos en los que el consumidor puede escoger entre agua de distintos países, algunas de ellas a precios realmente sorprendentes.
El principal problema del agua embotellada radica en su envoltorio. Son pocos todavía los que optan por reciclar en los correspondientes contenedores los envases plásticos. Pero es que, además, en su fabricación se consumen cada año millones de toneladas de petróleo, a lo que cabe añadir el coste del envasado y el transporte hasta el punto de venta. El resultado global resulta sorprendente. Un litro de agua envasada representa un gasto que oscila entre las 100 y las 250 veces el de la misma cantidad de líquido si se recoge del grifo de casa.
Por ese motivo, ayuntamientos como los de Nueva York o Roma han empezado a rebelarse contra ese derroche y han iniciado campañas para concienciar a sus vecinos de que opten por abrir el grifo porque no hay razón para no consumir el agua de la red pública, que, según se apunta, en esas ciudades es de máxima calidad.
Hasta pasados unos meses no se sabrá qué efecto tienen las campañas en Nueva York, Roma u otras ciudades que adopten el mismo compromiso, pero es difícil que, llegado el caso, en la Comunitat Valenciana triunfe la tendencia de cambiar y optar por beber agua del grifo.
El principal inconveniente es la percepción, muchas veces cierta, sobre la escasa calidad del agua que se distribuye a través de las redes urbanas. Durante años el abusivo uso de abonos, especialmente nitratos, ha contaminado los acuíferos litorales, y ello ha obligado a advertir sobre los inconvenientes de consumir agua del grifo para niños, mayores, enfermos y mujeres embarazadas.
Aunque, como no puede ser de otra forma, los ayuntamientos y las empresas suministradoras garantizan la potabilidad del agua en todos los municipios, su calidad real lleva a que, con buen criterio, se opte por la pesada carga del supermercado. Por eso, en países como Alemania, la Administración ha optado por el plan B y ha fijado un precio de 25 céntimos de euro por cada envase de agua. Así, al menos, garantizan el retorno o el reciclado del mismo.