25 de junio de 2016
25.06.2016
Tribuna abierta

conductas humanas

25.06.2016 | 00:00

No hace mucho, en una visita a Aspromivise María Amor Amorós, directora de este centro y hoy también regidora de Educación en el Ayuntamiento de Xàtiva, me comentaba entre otras cosas las donaciones económicas o colaboraciones particulares que de diferentes formas y niveles les vienen haciendo a la asociación desde su creación; al margen claro „me decía„ de los ingresos por cuotas fijas de las familias, los del taller, los del ayuntamiento o la conselleria, que son los fundamentales que hacen posible su funcionamiento. Me hizo reflexionar sobre las pequeñas aportaciones recibidas de los particulares, que aunque, de forma eventual y esporádica (las que se dan de vez en cuando) son de mucho valor, son casos anónimos de aquellos que nada esperan como compensación, pues son benefactores sin ninguna vinculación con los enfermos del centro.

Lamentablemente en la mayoría de las ocasiones y en todos los ámbitos sociales que nos movemos, si nos detenemos a analizar, encontramos el egoísmo humano por todas partes. Son pocas las veces en que nos desprendemos de dinero, tiempo o sacrificio, salvo en las circunstancias que se prevé una compensación material del tipo que sea; o porque la necesidad directa nos atañe y existe un compromiso que te obliga. Casi nunca nos adelantamos a socorrer a aquel o aquello que necesita nuestra ayuda; hasta en ocasiones ni con la misma familia, pues nunca deberíamos esperar a que nos lo pidieran. Muy pocas veces damos algo a cambio de nada, ni somos solidarios espontánea e incondicionalmente; no nos mojamos así como así. Lo mismo que estas actitudes ocurren en centros de personas disminuidas, si cabe aún es mayor la forma y actitud en otros campos de la sociedad, cuando el compromiso moral parece estar más liberado y menos comprometido; fuera del ámbito solidario: dígase política, deporte, música, centros de enseñanza, iglesia, arte, amigos, familia? apreciamos que casi siempre cuando se da algo está por medio un interés personal del tipo que sea.

Si a nivel personal y cercano, en la vida cotidiana, encontramos estos comportamientos, cuanto más podemos verlo en otras esferas; dígase ayuntamientos, gobiernos autónomos o de España, hasta en organismos a escala mundial. De ahí los desencantos que la ciudadanía se lleva de sus administradores; desde el primero hasta el último de los eslabones sociales. El descontento es constante en el ser humano, puesto que ya se empieza individualmente a ser insolidario con uno mismo. No nos hemos esforzado en fomentar el compromiso ni la educación en el aspecto solidario. La sociedad y los pueblos van por otros derroteros; no se cambian los métodos, no rompemos los moldes inhumanos por otros de más alcance solidario, no cultivamos hacer el bien, ni se fomenta la dignidad. Se está actuando algo así cómo, sálvese quien pueda. Ya tengo yo bastante con lo mío. La naturaleza egoísta de los seres humanos es incuestionable y una constante, pero yo diría que en la gran mayoría de las veces es casi sin sentido. Todo porque existe una inseguridad de futuro, una autoprotección personal hacia los bienes, cuando en la mayoría de las ocasiones es innecesaria.

Todo lo anteriormente expuesto me lleva a concluir que da igual sea individual, colectivamente o a nivel de Gobernantes, pues en todos los hechos tenemos el deber y el alcance, en la medida que podamos, para ser participativos de las necesidades sociales; cuando el momento y las circunstancias así lo requieran.

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