05 de julio de 2016
05.07.2016

La propuesta ecléctica de Marlango seduce a los espectadores en el estreno de Nits al Castell

Leonor Watling y Alejandro Pelayo ofrecen un recital con versiones y temas propios en el arranque del festival de Xàtiva

05.07.2016 | 01:10
La propuesta ecléctica de Marlango seduce a los espectadores en el estreno de Nits al Castell

El music hall ecléctico y reposado que Marlango montó el sábado en Nits al Castell dejó el buen sabor de boca de las grandes actuaciones: ni el público joven seguidor del dúo ni los espectadores de cierta edad que siguen acudiendo al castillo sí o sí al margen de lo que programen salieron decepcionados de un recital que va del blues o el jazz a versiones tan inverosímiles para una formación de este estilo como Pena, penita, pena o el Vete, de los Amaya; eso sí con el estribillo de la celebérrima rumba totalmente irreconocible. Leonor Watling, más conocida por sus papeles en el cine que por esta propuesta musical un tanto minoritaria, tiene una voz portentosa. Alejandro Pelayo, al piano, redondeó una velada de indiscutible buena música. Ovaciones y tres bises. El público se lo pasó en grande y los artistas disfrutaron de un espacio „«lugar increíble», lo llamaron„ que será de los que más recuerden, tal como confesaron.

La fidelidad entre el directo y sus grabaciones y la mezcla de influencias sin complejos son sello inconfundible en la producción de Marlango, que de su copiosa obra en inglés ofrecieron tanto temas propios como las versiones de 64, de Paul McArtney, y Creep, de Radiohead. No faltó tampoco el I'ts Wonderful de Paolo Conte ni el Dance, dance, dance que les compuso Miguel Bosé, «que hoy no ha podido venir» bromeó la cantante. Dame la razón, Lo que sueñas vuelas o Siempre por venir devolvieron la velada al español. Falso final tras hora y media de actuación, y dos bises. Fue entonces cuando algunos espectadores, soberanos, reclamaron Dinero. Tercer bis con este tema y, ahora sí, final definitivo y aplausos.

Entre humedad y mosquitos

Leonor Watling y Alejandro Pelayo derrocharon humor pese a que uno no les llevaría a El Club de la Comedia, precisamente. Ella dijo que iba vestida «de Juego de Tronos» para ir acorde con el castillo; él se quejó varias veces de los mosquitos, que le acribillaban, y de la humedad. Tal era la plaga que pidió que le quitaran el foco cenital porque se lo comían vivo y que la máquina de humo cesara.

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