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´La ley de la calle´ cumple 25 años

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´La ley de la calle´ cumple 25 años
´La ley de la calle´ cumple 25 años 

Tras haber creado un puñado de obras maestras antes de cumplir los 40 y haberse arruinado con "Corazonada", Francis Ford Coppola retrató con poco dinero, en blanco y negro y con lucidez poética una juventud crepuscular en "La ley de la calle", de cuyo estreno se cumplen ahora 25 años.

EFE "El chico de la moto", interpretado entre susurros por Mickey Rourke -recientemente resucitado en "The Wrestler"-, fue el principal detonante de la leyenda: hermano mayor del protagonista, Rusty James, y un icono a su pesar para esa adolescencia que todavía lo identifica con el éxito que nunca logró.

"Parece muy mayor. Como de 25 años", comentaba ese "brat pack" o "hatajo de mocosos", formado por Matt Dillon, Nicholas Cage y Diane Lane, entre otros, y que heredaba la historia de "Rebeldes", la película de Coppola rodada meses antes también según una novela de S.E. Hinton.

"Rumble Fish" ("La ley de la calle" en España), fue proyectada por primera vez en el Festival de Cine de Nueva York el 7 de octubre de 1983 y suponía el reverso más oscuro, abstracto y derrotista de la juventud para su director, que se asomaba al fracaso por primera vez tras la ruina económica de su apuesta personal, "Corazonada", (1982).

Como él, "el chico de la moto" había vuelto de su periplo "rebelde" por California, con poca predisposición para cumplir las expectativas, sino más bien para desmitificar sueños y sucumbir al inexorable paso del tiempo.

"Coppola imbuye una historia de adolescentes de la pasión rapsódica de la ópera, los afilados contrastes del expresionismo alemán, la angustia del existencialismo y la imaginería dadá", escribía en el momento de su estreno el New York Times.

"La impresionante fotografía en blanco y negro en 'La ley de la calle' funciona como una compresa fría, calmando a un filme que de otra manera hubiera alcanzado cotas febriles", proseguía el periódico estadounidense, que daba cuatro estrellas y media sobre cinco a la película.

Y así, la narración adquiría un tono sumamente artístico que la convirtió en un título de culto. La épica sucia, onírica y malsana configuraba "La ley de la calle" como una experiencia sensorial y, pese a estar ambientada en una etapa vital concreta y rodeada de elementos muy reconocibles de los años cincuenta, se empapaba de un aura atemporal.

Coppola volvía a dar el protagonismo a un personaje con presencia física escasa, pero que ejerce una poderosa influencia -como la del general Kurtz en "Apoclypse Now" (1979) o Vito Corleone en "El padrino" (1972)- en el desarrollo del filme, hasta el punto que todos son, en cierta manera, causa o efecto de sus acciones.

Y junto a él, los omnipresentes relojes, enfatizados además por una banda sonora compuesta por Stewart Copeland -entonces todavía miembro de The Police- y que marcaban la cuenta atrás de la lozanía, de la ilusión a la vez que, como compensación, mitifican lo que el tiempo deja a sus espaldas.

"El tiempo es un elemento muy curioso. Cuando eres joven, eres un niño, tienes tiempo para todo. Luego pasas un par de años de aquí para allá y no es importante. Pero cuanto más viejo eres, más te preguntas: ¿Cuánto tiempo me queda?", resumía el personaje episódico que interpretaba el cantante Tom Waits en la película.

Coppola reflexionaba, entonces, sobre la situación de crepúsculo precoz que vivía su carrera. Tras una Concha de Oro en San Sebastián, dos Palmas de Oro en Cannes y varios Oscar, comenzaba el camino de paradoja del que no ha salido hasta hoy, cuando ha intentado volver a lo experimental con "Youth Without Youth" (2007), todavía inédita en España.

"Si vas a liderar a la gente, tienes que tener un sitio adonde ir", le decía Mickey Rourke a Matt Dillon en la cinta, mientras Coppola dedicaba "La ley de la calle" a su hermano August, al que admiraba, pero al que luego tendría como empleado en su productora, Zoetrope.

"Me gustaría haber sido el hermano mayor que tú siempre quisiste.

Pero no voy a poder conseguirlo mejor que tú. Escucha: voy a echar los peces al río", sentenciaba en el desenlace "el chico de la moto" como remate a la destrucción del sueño de su hermano.

Los peces del título original, "Rumble Fish", se convertían así en la metáfora de toda la película y, además, en el único elemento en color del filme, junto con el reflejo de Rusty James en el coche de policía.

Tal y como explica el filme, estos animales no pueden compartir pecera, porque se matan unos a otros. Pero al llegar al río, asegura Rourke, es probable que la libertad y el espacio neutralicen su perpetua situación defensiva.

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