Alfredo Brotons Muñoz
Lázaro es la segunda contribución de Cristóbal Halffter (Madrid, 1930) al género lírico. Su estreno se produjo el 4 de mayo de 2008 en Kiel (Alemania), donde dos años antes había obtenido un gran éxito Don Quijote, que había visto por primera vez la luz de las bambalinas en el Real de Madrid en 2002. A España, a Valencia concretamente, ha llegado en versión de concierto, aunque no toda su música era desconocida para el público del Palau, que en 2005 había oído, bajo el título de Cuatro piezas para orquesta y con Pedro Halffter-Caro sobre el podio, lo que habían de ser los interludios que jalonan esta ópera en un acto y setenta y ocho minutos de duración.
El efecto sobre los espectadores fue el habitual en estos casos, es decir, ante la música contemporánea: media entrada, goteo discreto pero constante de salidas a partir del segundo interludio y aplausos de intensidad media-alta al final. La reacción habría sido seguramente otra de haberse tratado de una versión escénica, pues el libreto de Juan Carlos Marset es excelente: el texto que se canta no contiene ni una sola palabra de más pero prevé movimientos, decorados y una iluminación la lectura de cuya descripción dispara la imaginación.
Halffter confirmó su formidable talento como compositor para dispensar un manejo de extraordinaria suntuosidad a una orquesta de dimensiones que pusieron al límite la capacidad del estrado de la Iturbi. La exclusión de la melodía que implica la modernidad del lenguaje musical empleado fuerza al recitativo y el parlato en el tratamiento de las voces. En éste molestan intermitentemente dos cosas: por una parte, que los instrumentos tapen en algunas ocasiones diálogos cruciales para la comprensión del argumento; por otra, que algunas frases e incluso vocablos se corten de manera muy poco natural.
Con las cautelas que impone el enfrentamiento a la obra sin conocimiento siquiera de la partitura, el trabajo de los cantantes y de los demás músicos, incluido el autor a la batuta, se antojó estupendo. El bajo-barítono alemán Jörg Sabrowski y la soprano estadounidense Diana Tiegs sorprendieron además por su óptima pronunciación del español. También gustaron mucho la mezzosoprano cántabra Marina Pardo y el bajo catalán Stefano Palatchi, así como el estimable cumplimiento de sus respectivos cometidos en el resto. Y en la orquesta no se advirtió el más mínimo motivo de queja.