-¿Ganar, aunque no sea siempre, no puede llegar a conducir al aburrimiento?
-Ganar es una solución feliz que significa que todo lo anterior ha estado bien hecho. De ganar no te cansas. Sin embargo, en el deporte ganar siempre desvirtúa la competición porque para el espectador lo importante es la imprevisibilidad y cuando hay grandes diferencias entre dos equipos se tuerce esa dialéctica.
-¿En su caso, que lo ha ganado todo o casi todo, la gente que le rodea no sale a la cancha con la mentalidad cargada de responsabilidad y la derrota puede convertirse en frustración?
-Ese es el problema porque a las personas se les suele juzgar en la medida de lo que son y si han alcanzado la gloria se les exige mantener ese nivel. Desde el punto de vista psicológico, en estos últimos cinco años no hemos ganado tanto después de finales de champions, ligas y copas. He intentado no identificarme como una entrenadora que gana sino como alguien con una capacidad de trabajo o de entrenamiento. Pero, para mí, la vida no es sólo el presente sino también lo que viene. El pasado es pasado.
-¿Cuando se ha convivido con tantos grupos de personas dónde queda estancada la admiración, o las propias relaciones personales e incluso las profesionales?
-No tengo preferencias emocionales. Quien tiene mérito juega y los minutos de juego son innegociables. Pero bueno, en el corazón siempre guardas un cariño profundo hacia las personas que se han cruzado en tu vida, aunque no siempre coincida en el recuerdo la gran jugadora.
-La imagen que se tiene de usted es el de una mujer fuerte. ¿Lo es en realidad o se trata de fachada?
-Soy exigente. Lo demás es la fachada que tengo. Soy una persona con la que se puede negociar hasta la táctica, hasta cómo tiene que jugar el equipo. Otra cosa es la imagen pública. Me gusta meterme mucho en los partidos y tengo gestos fuertes.
-¿La gente con la que ha trabajado ha llegado a entender ese carácter tan personal o sólo sabe que está sometida a una disciplina?
-Lo importante para un grupo es sentirte pertenecer a él y orgullo de ser uno de ellos. Y para que eso suceda todos han de ser consultados y tenidos en cuenta. El éxito de un dirigente se reduce a demostrar que es capaz de llevar al grupo a la consecución de unos objetivos formales con la ilusión y la participación de todos. Y no es fácil porque en el camino hay tirones. Por eso pienso que las jugadoras carismáticas tienen que ser colaboradoras directas tuyas.
-¿Mandar es sólo transmitir ideas u órdenes?
-Y también valores. Para llegar a ser bueno en un deporte colectivo se ha de evolucionar como persona.
-Estudió Educación Física y también Psicología. ¿El secreto está en avanzarse a la mente del contrincante y de las jugadoras?
-Soy de las que hablan poco con las jugadoras. Hay dos rasgos determinantes en un equipo que son cómo te llevas en lo social fuera de la tarea y cómo las jugadoras la desarrollan. Casi todos los problemas dentro de un grupo se pueden resolver entrenando.
-Ha enseñado a decenas de jugadoras lo que me está contando ¿pero qué le han enseñado ellas y su deporte.
-Que mandar es un acto de servicio y que el que tiene poder lo ha de utilizar para servir a su colectivo. El deporte es el único espacio social real que queda en este momento y donde el comportamiento de uno repercute en el de los demás. En la vida no hay un espacio tan social y de colaboración como el que se produce con un balón que tienen que transportar seis jugadores, enfrentándose a una defensa que busca lo mismo que tu, llegar a otra portería y meter gol. Además, el deporte tiene un karma donde el que la hace, la paga.
-¿Podría explicarse mejor?
-En el deporte si uno en algún momento comete un acto de soberbia, falta de atención o afloja en la preparación, la paga; si no diriges bien al grupo porque tensas o aflojas demasiado, la pagas; como sitúes los retos por encima de las capacidades y la gente se pone ansiosa, la pagas. Este es un trabajo de mucha finura.
-¿En su vida deportiva cuál ha sido el momento más complicado?
-Está siendo ahora.
-Pero si lo tiene todo.
-Pero en este momento no hay proyecto de futuro en mi club. Estamos pasando el día a día como podemos. Parc Sagunt seguirá un año más pero no sabemos que pasará el que viene. Lo más duro es estar en un ámbito donde la superación es el objetivo y al mismo tiempo dudar si no fue un error pasar la primera ronda de la Copa de Europa porque el dinero ha de salir de algún lado y no me gustaría que saliera otra vez del bolsillo de las jugadoras.
-¿Esa situación responde a que la crisis se ha extendido al deporte y los patrocinios también se están quedando en el camino?
-Esa es la excusa perfecta. Como en todo, hay una parte indudablemente de realidad, pero el problema es que España no tiene cultura de patrocinio. Lo que echo de menos es el diálogo. En el mundo, cualquier cátedra de lo que sea está patrocinada. El mundo más evolucionado es consciente de que su beneficio tiene que volver a la sociedad. Esa idea de la globalidad aquí no existe.
-¿Por dónde pasa su plan de supervivencia?
-Pasa porque la Generalitat incremente la aportación que da al deporte de élite y que el Ayuntamiento de Sagunto mantenga el dinero que hasta ahora nos ha dado.
-No me creo que pasarse un balón y lograr éxitos pueda llegar a chocar con la Administración.
-Lo que me aún gustaría saber es si a Presidencia de la Generalitat le interesa el balonmano femenino. Que tuvieran el arrojo de decir: "mira, no nos interesa". Pero debe de interesarle porque somos de los pocos equipos que tenemos la Real Orden al Mérito Deportivo, el Premio 9 de Octubre, todas las medallas que se quieran...
-¿Dónde está el problema?
-La comunicación está fallando y no sé por qué. Hay unos presupuestos ordinarios en los que hay poquísimo para todos los equipos de la Comunitat Valenciana. Pero donde quiero entrar es en el gran dinero que hay para el deporte en la televisión y la Conselleria de Turismo. Y ahí es donde pregunto a la Administración qué hemos hecho nosotras menos que cualquier otro equipo. El Ros Casares tiene un gran patrocinador, el Terra y Mar tiene mucho dinero y no sé cómo se financia, pero faltamos nosotras.
-Muy decepcionada debe estar para mandar a patinar a Canal 9 en directo y quedarse tan descansada, un vídeo, por cierto, que da la vuelta por internet.
-Fue por ese motivo y por la falta de atención. Esto es una gran falta de vertebración. Todo conforma una unidad funcional. Todo repercute porque no salimos en la televisión, en los informativos, las chicas no son entrevistadas, no hay seguimiento del club y si no hay seguimiento no se publicita la marca y si no se publicita la marca no hay patrocinador.
-Participó de la política activa y no sé si llegó a comprobar que es imposible cambiar el mundo.
-Estuve en la oposición. Entré el política porque por mi trayectoria profesional no había podido comprometerme activamente nunca. Le debía algo a mis ideas.
-¿La experiencia fue una decepción?
-No porque me permitió estar en las entretelas y descubrir que todo el mundo tiene un poco de razón.
-¿Cree que su paso por la política puede estar pasándole ahora factura?
-Al revés. Los auténticos demócratas de la derecha me han querido. He sido muy amiga de Manolo Tarancón e incluso estando Camps en el ayuntamiento o en la Consellería he tenido muy buena relación con él. Aquí todos sabemos quién es quién y que se puede ser adversario político, pero no enemigo.
-¿Por qué hay más hombres que entrenan a mujeres que mujeres que entrenan a mujeres?
-Porque el rol de entrenador es de mucho poder dentro del mundo deportivo y es un trabajo difícil y genera mucho conflicto. Las mujeres normalmente huyen de esa cuestiones, del poder y el conflicto. No es que nos les guste sino que prefieren su intimidad.
-¿Nunca entrenaría a un equipo de hombres?
-No porque en el fondo de mi persona me interesa la mejora de las mujeres y soy feminista. Pero no quiero parecer mesiánica. Mi proyecto vital ha sido intentar un mundo mejor, pero sobre todo para las mujeres.