R. F., Valencia
Dos representaciones de Turandot le quedan a Lorin Maazel para despedirse como director musical de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y del Palau de les Arts. Pero quién no piensa ahora que una vez en el aire Riccardo Chailly, con una nueva temporada en el horizonte, aunque sin cerrarse, y el acercamiento que realizó el franco-americano un tiempo después de rotas las negociaciones no podría significar mantenerlo un tiempo más en el cargo a la espera de nuevos tiempos.
Según diversas fuentes consultadas por este diario, no sería una posibilidad cerrada. Incluso los músicos de la orquesta están con él. Pese a su carácter distante, Maazel considera la orquesta como algo muy suyo y los músicos admiten haber crecido con él de forma considerable. Incluso los miembros del Cor saben de la libertad de trabajo que ofrece y la confianza frente a otros directores con los que han trabajado. Su permanencia, de hecho, sería de su agrado. Su calidad está fuera de toda duda. Es más, sorprende ahora incluso que los músicos estén preparándole un homenaje de despedida para cuando termine las dos funciones que le quedan.
Otra cosa es el estado de su relación con la dirección del auditorio, sus emolumentos y compromisos. No en balde, y pese a que en su día Maazel argumentó que su distanciamiento del Palau de les Arts estaba motivada principalmente por su deseo de vincularse más con la Fundación Châteauville fundada por el propio músico y el festival de jóvenes creadores que quiere poner en marcha, otras fuentes argumentaban divergencias de carácter económico. Sin embargo, lo bien cierto es que desde ese momento Maazel se ha vinculado más estrechamente con la Filarmónica de Qatar, una joven orquesta también de reciente formación al frente de la que se ha situado el músico y con la que además realizará una gira por algunas ciudades europeas este próximo mes de mayo.
Desde ese momento, Maazel ha mantenido una estricta vinculación profesional con el coliseo sin ir a más, como así sucedió en las dos temporadas anteriores.
Lo que sí está claro es que encontrar un titular a la carrera cuando las agendas se cierran con mucha antelación hace todo más complicado. Sí existe internamente cierto malestar por la situación de provisionalidad que vive el Palau de les Arts y el desconocimiento de la programación de la próxima temporada. Este hecho, aplaza cualquier intento de planificación, pero cerrar temporada sin director que tenga que asumirla también es un riesgo.