Alfons Garcia, Valencia
Contaba Joan Fuster que la primera vez que oyó a Raimon fue en una taberna de Valencia ("entre amigos, vino y literatura"). El de Xàtiva cantó Al vent y al de Sueca, sorprendido, le pareció que aquella tarde "habíamos ganado una pequeña batalla". Que cincuenta años después aquella canción juvenil de resistencia se siga recordando y haya sonado en lugares como Japón o EE UU indica que la victoria tal vez no fue tan pequeña. Pero no fue completa, ni mucho menos, como demuestra el olvido del cantante por las autoridades valencianas. "No te ponen en una lista negra, pero no te llaman".
Lo dijo el propio Raimon, nacido Ramon Pelegero (Xàtiva, 1940), entre sonrisas de satisfacción, ayer, al presentar el extenso homenaje que le dedica la Universidad Politécnica de Valencia. Incluye, como ya informó Levante-EMV, una exposición con abundante material personal del autor -se inaugura esta tarde y permanecerá hasta el 23 de junio-, la publicación del poemario propio D'aquest viure insistent, la reedición de la biografía que le escribió Fuster, un CD con versiones clásicas y otras actuales interpretadas por otros cantantes y la organización de un concierto (mañana) en el campus.
La institución académica "ha echado el resto", aseguró el vicerrector de Cultura, Joan B. Peiró, para conmemorar los 50 años de Al vent, la mítica canción que nació en un viaje en Vespa, cuando el de Xàtiva tenía 18 años, estudiaba segundo de Filosofía y Letras y "no pensaba ser cantante". "Es la primera vez que se hace algo tan completo", constató Raimon, que ya recibió en 2008 el homenaje de la Complutense de Madrid. No comparable a esto, señaló. "Da gozo que se haya hecho casi en Valencia, lo más cerca posible", apuntó con acidez (el campus de la Politécnica se encuentra en el extrarradio de la capital).
El representante de la Nova Cançó, afincado desde hace años en Barcelona, quiere corresponder al esfuerzo y "cantar [mañana] mejor que en ningún sitio". Estrenará un tema nuevo, además, sobre Valencia, ese lugar con el que mantiene una relación tan extraña: "El personaje que soy, que intenta ser libre y tener criterio propio, me ha creado muchos obstáculos y animadversión" en la ciudad. Personalmente le ha afectado poco, afirmó, pero "sí que ha impedido que se me conociera más".
Regularizar la situación queda sobre todo en manos de los políticos que ocupan las Administraciones, pues la mayoría de los conciertos dependen de estas. Una anécdota: sería 1992 cuando ofreció al Teatro Principal un concierto sobre clásicos del Segle d'Or; le contestaron siete u ocho meses después que la programación de la temporada siguiente ya estaba completa. Se acerca, dijo, a lo que pasa en "regímenes autoritarios". No hay censura, pero no te llaman, lamentó. "Algunos dicen que no llevas gente, pero es mentira", sentenció quien nunca ha estado de moda, dijo (por su estilo).
Críticas implícitas a Rus
¿Desencanto con lo que ha venido después de la Transición? "Nunca he estado encantado", respondió. Pero "se ha instalado la idea de que en la democracia puedes votar y el resto da igual. Es una cosa tan reductora que da risa", precisó. Y algunos piensan que "el poder es su casa". Como "un "xicot" de Xàtiva" (referencia al presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus), ejemplificó. "No tiene nada que ver con la democracia", remató.