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HEMEROTECA » |
María Tomás, Valencia
Dice Galeano que "cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare". Por eso, las semillas lanzadas al vent por el movimiento de la Nova Cançó que en los 60 se arriesgó a cantar en valenciano simbolizando el grito de libertad de un pueblo contra el silencio antiguo y largo del franquismo, sin saberlo, sembraban un fruto que viajaría por el espacio y el tiempo dando paso a una huerta musical rica y diversa con sabor a ese mediterráneo que no se resigna, que se renueva con cada primavera y se pone a brotar en cada canción.
Cincuenta años después de aquél Al vent de Raimon convertido en himno (ahora en homenaje), la escena musical actual en valenciano vive un momento de efervescencia, de explosión creativa de diversa temática y amplísima diversidad estilística a pesar de las dificultades de la industria discográfica y a pesar, también, del inexistente apoyo institucional. El nexo común es una lengua, el valenciano, "que de un tiempo a esta parte ya se utiliza para expresarse con la naturalidad del que canta como piensa", según explica el crítico y estudioso musical, Josep Vicent Frechina.
Naturalidad en el seno de los cantautores y músicos que van diciendo la suya. Incomodidad todavía para los que ocupan la administración autonómica -la Generalitat Valenciana, la Conselleria de Cultura, el Instituto Valenciano de la MúsicaÉ - que de ninguna manera consienten en abrir paso y facilitar la presencia de los nuevos cantautores y agrupaciones musicales que se expresan en valenciano, ni en los espacios, ni en los medios de comunicación públicos como Canal 9 o Punt 2 (salvo excepciones como la de Amalia Garrigós en Ràdio 9).
Entonces, medio siglo después, ¿qué queda del espíritu de resistencia y reivindicación cultural de la Nova Cançó? Frechina comenta que "hablar de Nova Cançó es hablar de revolución, y lo que aquí ha acontecido es una evolución. Desde luego, hay un hilo conductor, con altibajos, desde Raimon y Ovidi a Pau Alabajos y Feliu Ventura, por ejemplo". Y cuando habla de altibajos se refiere a la "dolorosa travesía en el desierto que el código estético y la música vernácula iniciaron hasta bien entrada la década de los 90 por la hipotética pérdida de funcionalidad de los cantautores y grupos de la resistencia antifranquista", donde habría que colocar además de Ovidi y Raimon, a Lluís Miquel, Paco Muñoz, grupos como Al TallÉ. Eran los 80, la época de la movida madrileña, y "se condenó al cantautor al ostracismo. Su único público era el que compartía la generación del artista", añade Frechina.
Ahora, lejos ya de aquella identificación de la cançó como herramienta de intelectuales y políticos, más cerca de cultura urbana, la situación experimenta el proceso contrario. Desde 2003, solistas y grupos de varias generaciones se han organizado en el Col·lectiu de Músics i Cantants Ovidi Montllor (COM) para, además de presionar a las instituciones, cohesionar la escena valenciana y visibilizarla en los circuitos de festivales, siempre en busca de espacios donde cantar. El cantautor Pau Alabajos, secretario de esta organización, considera que "cantar en valenciano todavía es un acto de rebeldía por la censura que existe; quedan muchas cosas por las que luchar",afirma quien versionea a Raimon cambiando la letra. Los jóvenes cantautores ya han nacido en democracia, entre los 70 y los 80. Ya no vienen del silencio. Y sin embargo, como señalaba Raimon en este periódico, la sutilidad del poder no es prohibir sino pretender ignorar.
Lo que no valoran los que ocupan el poder es que, cuando surge de la necesidad, a la voz no hay quien la pare. Va com va, cantaba Ovidi para decir hasta más no poder: va como vull, com volem. Y en ese querer se han agrupado los músicos valencianos en un ambiente de germanor. Si Paco Muñoz cantaba Vindrà un vaixellÉ Alabajos remarca hoy que "todos formamos parte del mismo barco".
Alabajos destaca otra sinergia positiva que acontece en el COM, donde se juntan cantautores de una generación anterior, que actúan de referentes próximos como Miquel Gil, Rafa Xambó, Màrius Asensi, Carles Enguix, Manuel Garrido-Garri, Josep V. Tallada, Remigi Palmero, Jordi Gil, Francesc Moisès o Joan Amèric, con las nuevas voces. Los más conocidos Feliu Ventura, Òscar Briz, el mismo Pau Alabajos y una larga lista que seguiría con Senior, Sergi Contrí, Néstor Mont, Elíes, Xavier Morant, Rafael Estrada, Néstor Mont, Xavier Mo, Lluís Vicent, Clara Andrés, Carles PastorÉY sólo intentando enumerar los que se enmarcan en la canción de autor, tarea difícil en en un momento en que las fronteras entre los géneros son difusas y se hace muy complicada la clasificación.
Porque en otros estilos musicales, no se explica este renacer de música valenciana sin hablar de los Obrint Pas, que serían los aglutinadores y herederos de los aplecs nacionalistas con su música contestataria e independentista. Como tampoco se puede no citar a Pep Gimeno Botifarra, Krama, Aljub, a Eva y Carles Dénia, Quamlibet, los VerdCel, Tres fan ball o l'Ham de Foc. "Cadascú que es trobe ell mateix" cantan las chicas de Soul Atac. Y la lista sería imposible de reproducir aquí. En el rock: Arròs Caldós, Atzukak, La Gossa SordaÉ el ska: Ki Sap, Svat-ers, AspencatÉ el hip hop de Rapsodes; el metal de Bakanal; el pop de Munlog, Ovidi Twins o Sant GanxoÉlos aires folkies de ÒwixÉel postbacalao de Orxata Sound SystemÉy como no entran todos, disculpas a los ausentes.
Ens calen cançons d'ara, decía en 1959 Lluís Serrahima en lo que se ha considerado el manifiesto fundacional de la Nova Cançó. La suya no era una reclamación excluyente de lo extranjero sino una llamada a la creación propia de músicos y poetas valencianos. Será cierto cierto aquello de que lo que uno desea acaba convirtiéndose en realidad.
Hoy los músicos valencianos se escuchan por la red, o sea, en todo el mundo y en su lengua. El COM está elaborando la tercera edición de la guía de músicos en valenciano donde se constata que la producción y la calidad discográfica no para de crecer. "Si además de los cantautores contamos las collas de dolçainers, los grupos de folk, rock o de danses suman más de 300. Nunca había habido una nómina tan grande", señala Frechina. "Si en los 90 se editaban una media de seis discos al año, ahora la producción se ha multiplicado y mantenido los últimos cuatro años con una media de 35 discos anuales", añade Alabajos. El futuro, por tanto, es "alentador y se puede mirar con optimismo". "La producción y la calidad artística es muy grande, el público potencial también. Solo faltan la conexión entre ambos, pero cada vez se van creando más vías", añade Frechina. No hace falta mencionar el papel que las nuevas tecnologías y la posibilidad de la autoedición y la autogestión han desempeñado en este resurgir, "una aliada para los movimientos civiles del planeta, el boca a orella via red", argumenta Frechina.
Seguro que cuando Raimon lanzaba su grito al viento no podía imaginar lo imparable de su gesto, patrimonio universal.
Así que en el 50 aniversario de aquél himno no vale hablar de nostalgia sino de regocijo. Las cifras son calidades y cada aniversario es una victoria sobre el tiempo. El futuro de los que hoy suben al escenario ya vendrán a cantárnoslo.
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