la galería de j. r. seguí
-¡Como está el espectáculo!
-En crisis absoluta. Crisis discográfica por las descargas de internet y a todo ello hay que sumar que en este país, desde comienzos de los noventa, el mercado se acostumbró a sostenerse a base de dinero público y conciertos gratuitos. Así que la música ha pasado a ser algo gratis.
-¿Estamos en el principio del final o metidos en un túnel?
-La música no se acabará nunca pero el CD ya no es negocio de las discográficas que, de hecho, están viviendo ya de otros recursos como la participación en los conciertos de sus artistas, los derechos editoriales, los politonos... El Cd en sí no desaparecerá porque la gente que consume clásica y jazz continúa comprándolos y las descargas no les afectan. El problema está en los artistas que aparecen y no encuentran discográfica.
-¿Nada, entonces, es consecuencia de la ausencia de talento?
-La industria ha tenido 15 años boyantes y el acceso al éxito resultaba antes más fácil. Hoy los grupos dan por imposible acceder a grabar un disco. Por eso también estoy convencido de que dentro de unos años tendremos una música mucho mejor que la de hoy. La crisis es industrial y no creativa. En los años 70 los artistas no aspiraban o veían imposible acceder a las grabaciones, así que hacían lo que querían. Los músicos van a volver a su propia naturaleza, a la independencia creativa.
-Tuvo un sello discográfico y montó una empresa pionera de descargas por internet hasta que comprobó que era inviable. ¿Entonces, dónde está el negocio?
-La descarga no es rentable porque por poco que cobres está también en internet. Sigo pensando que el futuro de los músicos está en la música en directo.
-Que también es cara.
-Sí, pero en este terreno también estamos en un proceso de reconversión. Como consecuencia de la crisis, los ayuntamientos van a comenzar a restringir los conciertos públicos, así que volveremos a lo que ocurrió en los ochenta, cuando los grupos editaban un disco, tenían una venta moderada y actuaban en clubes.
-¿Y el artista es consciente de todo ello o vive en su nube?
-La idea de todo el sector es sostener el sistema este año y el que viene, pero eso de compañía de discos, gran campaña y ayuntamiento que paga 40.000 euros de caché está cayendo. Cada uno tendremos que inventarnos nuestro propio sistema de supervivencia y para mí pasa por la autoedición del artista, el club privado y que los medios de comunicación escuchen no sólo lo que llega de las multinacionales sino sobre todo de las pequeñas compañías.
-Algunos creen que la piratería se acabaría volviendo al vinilo porque es imposible de clonar.
-No lo creo. Para el melómano quizás sí, pero mientras tengamos un aparato en el bolsillo en el que caben 10.000 canciones...
-¿Qué busca una discográfica hoy a la hora de fijarse en un artista?
-Las compañías en este momento sólo piensan en mantener lo que tienen, ser muy selectivos, subsistir y poco más.
-¿Y un mánager?
-Lo de siempre. Defender los intereses del artista. Si el mercado de los conciertos públicos muere de manera natural emergerá la empresa privada. En Valencia durante los ochenta llegaron a existir a la vez seis salas que programaban conciertos. Ahora no existe casi ninguna.
-¿De qué depende el éxito de un artista?
-De que mucho público consuma lo mismo, aunque la reacción del público también es imprevisible.
-Pero un éxito se puede fabricar.
-Lo fabrica la gente. En este negocio se ha demostrado que las campañas de marketing no son igual a éxito infalible.
-¿Y no será también que muchos de los ejecutivos de las compañías discográficas están para pensar en números pero saben poco de música ?
-Lo que hay son ejecutivos que no son capaces de saber o de acertar lo que le va a gustar a la gente.
-Es que eso es un don, responde al gusto, el oído y la sensibilidad y lleva aparejada la confianza ciega.
-La demostración de que la música de los setenta fue tan creativa y prolífica está en el hecho de que muchos de aquellos grupos hoy continúan en activo. Y sobreviven porque fueron producto de la apuesta de directores artísticos. Hay una parte de verdad en decir que todos pensamos en qué le gusta a la gente y nos olvidamos de pensar en lo que nos gusta a nosotros. La historia lo demuestra.
-¿Detrás del espectáculo hay sólo sexo, droga y rock and roll, como dice la leyenda?
-Eso lo hay detrás de muchas cosas, pero el mundo del espectá?culo es un escaparate que se muestra y cuando se produce en otros sectores queda en el anonimato.
-¿Qué se esconde detrás de un escenario?
-Mucha tensión, mucha ilusión, muchísimo trabajo.
-¿Y en la cabeza de un artista?
-En general hay mucho mas trabajo del que la gente ve. Es una vida inestable porque el éxito de hoy puede ser un fracaso mañana. El artista vive en una inseguridad permanente y eso es algo muy duro.
-¿También debe de haber mucha frustración?
-Todo artista tiene un componente de frustración. Cualquier persona que decide dedicarse al espectáculo y dejarlo todo se la juega. Está claro que existe un componente económico pero para él no existe nada más importante que el escenario, lo que ya define una personalidad muy especial.
-Hay muchos que son raritos.
-A mí lo más raro que me han pedido fue un pastel de carne que quería Joe Cocker en su camerino y para el que me mandaron una receta porque sabían que en España no existía. Tuve que buscar a un cocinero que se atreviera.
-Y otros, complicados
-Sí. Maná, por ejemplo, viaja con una persona que se dedica exclusivamente a contar en el camerino lo que se ha pedido de catering.
-Luego, son de otra pasta.
-Hay que entender a una persona que vive un éxito grande, su vida son los hoteles y no puede ir a un sitio público. Hasta cierto punto es razonable que en sus camerinos tengan todas las comodidades. Que los Rolling Stones pidan una mesa de billar es lógico porque no pueden ir a un billar público
-¿Las grandes giras se han terminado por los elevados gastos de producción y el consecuente encarecimiento de las entradas?
-Más bien diría que se han terminado los grandes artistas. Si hay grandes artistas, habrá grandes giras. Tampoco hay oferta. Falta mucha música y de hecho las radios están viviendo de los oldies.
-¿Por qué esta comunidad nunca ha consolidado una industria?
-Somos una ciudad pequeña y tiene que ver con el carácter de los valencianos. Tenemos tendencia a la autodestrucción aunque seamos la zona del mundo con más músicos por metro cuadrado. Valencia es una ciudad que merece que haya más gente involucrada y que se lo crea porque hay mucho valenciano trabajando fuera.
-Tampoco se han consolidado nuevos artistas, salvo excepciones, en los últimos años. Eso es que algo pasa.
-Es un fenómeno de efecto llamada. Cuando irrumpió Presuntos o Seguridad Social salieron un montón de nombres. El éxito de un artista puede ser capaz de mover todo un mercado y convencer a los demás de que es posible. Pero sí, llevamos una larga temporada sin un éxito nacional.
-¿La competencia es su sector es muy desleal? Subir en las subastas los cachés para arruinar a los competidores es como para pensarlo.
-Es cierto que algunas empresas lo han hecho. Yo prefiero ser espectador. Madonna, seguramente, debería haber costado la mitad.
-¿No entrar en los grandes circuitos tiene una explicación?
-Hay dos empresas en España que son las que tienen los contactos con el exterior y que deciden. Por un razón Valencia no cae bien. Es una ciudad que ha dado alegrías pero también muchos disgustos. No siempre ha respondido bien.
-Así que el mundo del espectáculo está en pocas manos.
-El mundo de la industria del disco es mucho el ruido que arma para estar manejado por tan pocas personas. Mil personas mueven el negocio de la música en España. Al final hay cuatro directores artísticos,cuatro ejecutivos de cadena de radios y dos grandes promotores. Los demás somos satélites.
-¿Y con la SGAE cómo se llevan?
-Por un concierto SGAE se lleva el 10% del precio de la entrada mientras que en otros países es el 4%. Que SGAE se preocupe en recaudar me parece lícito porque los autores tienen derecho a percibir. Lo que me gustaría saber es qué pasa con el 40% que se quedan ellos por administrar esos derechos. Con ese porcentaje se podría haber combatido más y mejor contra la piratería.