J. R. S., Valencia
Si hay un nombre lírico de mujer asociado a Wagner ese es el de Waltraud Meier, la mezzosoprano que ha dedicado principalmente su vida y su voz al compositor alemán. Desde que a comienzos de los ochenta cantara en Bayreuth y ante los wagnerianos una inolvidable Kundry en Parsifal, papel con el que se identificaría el resto de su carrera, Meier ha recorrido los principales teatros de ópera del mundo para ponerse a las órdenes de las mejores batutas.
Pero al margen de esa dedicación escénica, la cantante nunca ha dejado de lado sus recitales. De hecho, hoy regresa al Palau de la Música de Valencia. Será su tercera aparición en los últimos años en él y aunque en un futuro volverá para cantar junto a la Orquesta de Valencia el segundo acto de Tristán e Isolda, hoy afronta junto a la sinfónica valenciana, y bajo la dirección de Yaron Traub, los Cuatro últimos lieder de Strauss, un compositor como Beethoven o Mahler al que también se siente próxima.
"En realidad-dice la mezzosoprano-estoy ahora descubriendo las partes para soprano de Strauss.Canté bastante Strauss durante los inicios de mi carrera, pero eran papeles para mezzo como El compositor de Ariadna o El caballero de la rosa. En cualquier caso, me encanta la escritura musical de Strauss, sus grandes líneas melódicas y la capacidad que tiene para sumergirte en ellas y dejarte llevar".
Para Meier su experiencia anterior con la OV fue excelente y si algo le ha descubierto es su capacidad para amoldarse al repertorio alemán. "Se nota que lo siente y respiran en él", confiesa la cantante sobre la formación que dirige Yaron Traub. También valora el sonido que su voz ha descubierto en el auditorio valenciano. "Tiene una acústica magnífica-añade- En las tres ocasiones en las que he cantado en la Sala Iturbi, he tenido la oportunidad de comparar el sonido en condiciones muy diferentes. Con Tristán e Isolda era un sonido con un gran volumen orquestal; más tarde lo hice con un recital con piano y ahora Strauss. El sonido es siempre muy bueno, de una gran nitidez y muy cálido".
Meier siempre ha demostrado una especial valentía en su trayectoria. Compaginar recitales y representaciones, aunque le obliga a un mayor nivel de exigencia, también le permite cambiar de registros y rebajar la intensidad de las emociones. Pero no piensa ni ahora ni en un futuro inmediato decantarse definitivamente por uno o por otro.
"La ópera es y siempre será el eje principal de mis actuaciones, pero también me gusta compartirla con recitales. Organizo mis compromisos en bloques: una ópera durante un mes y al siguiente algunos recitales con piano o orquesta", afirma antes de reconocer que no se trata simplemente de sentirse mejor con un repertorio u otro sino de sentirse a gusto con lo que se interpreta. "Un cantante tiene que sentirse a gusto con todo lo que canta. Yo de hecho lo siento así. Cuando elijo un papel soy consciente de que se trata de una obra maestra y me siento una privilegiada. Mi papel favorito es siempre el que estoy cantando en ese momento".
Con la Marie de Wozzek, en el horizonte, Lohengrin y Tannhauser, en Munich y Fidelio-lo cantó en la inauguración del Palau de les Arts- en agosto en Sevilla y con Barenboim, Waltraud Meier afirma sentirse en la cima de su carrera tanto técnicamente como en cuanto a conocimientos.
"He alcanzado la madurez y esto se refleja en mi forma de abordar los distintos personajes. Lo que sí considero importante es profundizar en el papel cada vez más. Por muchas veces que interpretes un rol, cada vez descubres nuevas cosas, te adentras en sus significados más profundos. Se necesitan años y años para poder entender un personaje por eso no entiendo que los cantantes hoy quieran siempre algo nuevo, sin tiempo para profundizar. Falta paciencia y es muy necesaria en nuestra profesión. Hay que crecer y madurar con cada uno de los personajes", concluye la cantante.