Rafael Prats Rivelles
Una vez más el cine fija su mirada en un creador plástico. El cine, de nuevo, se interesa por un personaje más bien desconocido para colocarlo en un primer plano que permita nuestra atención. En esta oportunidad se trata de rescatar para el gran público a una pintora naïf, Séraphine Louis -también conocida por Séraphine de Senlis- (Arsy,1864-Villers-sous-Erquery, 1942), una humilde sirvienta de la localidad de la Picardia francesa a quien se le reveló el arte como una redención mediante el hecho creativo.
El film, dirigido por Martin Prevost (El vientre de Julieta), es una producción francesa que llega avalada por varios premios César (mejor actriz, mejor guión, mejor fotografía, mejor dirección artística y mejor banda sonora). Ha sido protagonizada por Yolande Moreau, Ulrich Takur, Anne Bennent y Adelaïde Leroux.
Yolanda Maureau (Bruselas, 1953), ha destacado más como actriz que como directora y, entre sus papeles podemos recordar el de la protagonista de Sin techo ni ley (1985), de Agnès Varda. En su haber, dos César a la mejor actriz: en 2005 por Quand la mer monte... y este mismo año, por Sérephine.
En algún sitio he leído que "con sus huesos se deshizo en el tiempo su nombre y lo que tal nombre, Séraphine Louis, acotaba: una mujer, una pintora. Salvo algunos datos deshilachados, ni los tratados de arte, ni las enciclopedias ni, hasta ahora, las memorias retenían su figura ni una obra de difícil catalogación que sólo a través de unos cuantos lienzos se exhibe en un modesto museo regional."
Prevost ha conseguido una película plena de credibilidad, llena de emoción, al tiempo que sobria y, también, reposada: la historia de una sirvienta-artista, dividida en las tres partes de una viuda marcada por el anonimato, la creatividad y la demencia.
Sin que nadie lo sepa, en sus ratos libres, durante la noche, pinta, de manera singular, plantas y flores sobre pequeñas planchas de madera. Una de esas obras llega a manos del coleccionista alemán Wilhelm Uhde, quien ha pasado a la historia como el descubridor de Henry Rousseau, El Aduanero. y uno de los primeros defensores de Picasso. Udhe compra todas las pinturas de Sérephine. La relación con el coleccionista no tuvo la continuidad que hubiera sido necesaria para que el relato hubiese tenido un final feliz.
Sesenta años después de la última muestra sobre la autora, el Museo Maillol de París organizó, con motivo del largometraje, una exposición de la obra de esta peculiar pintora, cuya existencia pone de manifiesto el irrefrenable impulso de la vocación artística.
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