J. R. Seguí, Madrid enviado especial
Hay muchos sorollas, pero todos están en uno. Si hasta ahora la secuencia de la trayectoria y obra del pintor valenciano se había podido ver de forma sectorial a base de exposiciones de carácter temático o bien pinceladas mediante retrospectivas incompletas, por fin se puede descubrir la verdadera magnitud de un artista tan inmenso como el genio valenciano, a través de más de un centenar de obras cedidas por museos, instituciones y coleccionistas privados de todo el mundo.
Ha tenido que pasar casi medio siglo para que por fin una exposición antológica descubra a Sorolla al completo. Lo ha hecho además en el Museo del Prado, cuyo director, Miguel Zugaza, admitía ayer a Levante-EMV que la institución que él dirige se había rendido a la importancia de su obra, a su modernidad demostrada y al poco entendimiento que las vanguardias le recortaron en su día. "Esta era la oportunidad", admitía el director del Prado en referencia a la posibilidad, por primera vez en la historia, de poder reunir las obras maestras de Sorolla traídas de los principales museos del mundo y completarlas con la que fue su obra póstuma, la colección Visión de España que trajo Bancaja a España y con la que se cierra la exposición del Prado. La entidad bancaria también ha sido en este caso protagonista de la exposición, ya que es su patrocinadora.
Cronología de un genio
El Palleter, declarando la guerra a Napoleón, la obra con la que Sorolla, en su juventud, obtuvo el pensionado en Roma, y que como ayer reconocía Felipe Garín, ya enseña todo lo que después vendría en su obra, recibe al visitante en esta exposición que será inaugurada el lunes por la Reina Doña Sofía y que ha levantado una gran expectación en Madrid. Esta obra forma parte de la primera sección de la exposición, que ha sido organizada de forma cronológica. El Palleter abre el sendero de un Sorolla joven, preocupado por el realismo social y con una marcada tendencia naturalista y marinera. Allí se pueden descubrir obras que pocos atribuirían al pintor valenciano, por su crudeza, como Aún dicen que el pescado es caro o Trata de blancas, pero también todo lo que se avecinaba, con piezas como La vuelta de la pesca, el magnífico Cosiendo la vela o Sol de la mañana. Es aquí donde ese camino se cierra con ¡Triste herencia!, la pintura que Bancaja recuperó hace años de Nueva York, y que muestra toda la dureza y la solidaridad de una época.
La tercera sala está dedicada a la que quizás sea la parte más íntima: los autorretratos, los retratos familiares y de amigos como Beruete. Pero sobre todo son las estampas familiares las que dominan: la pasión por su mujer Clotilde y por su hija María, cuya imagen ilustra el sobresaliente catálogo editado por el Prado para esta exposición. "Sorolla fue el pintor más moderno del XIX. Nosotros cubrimos y saldamos una deuda del Prado e histórica, situándolo dentro del plano que le corresponde. Hay muy pocos artistas del XIX capaces de hacerse un hueco y resistir la presión de un entorno como el del Prado. Y cuando un artista es capaz de completar cuatro salas de la ampliación con un nivel de calidad máximo, es que su obra lo vale", afirmaba José Luis Díez, junto a Javier Barón conservadores de pintura del XIX del Prado y al mismo tiempo comisarios de la exposición.
Cambio de siglo y plenitud
Si ¡Triste herencia!, pieza pintada en 1899, cerraba un siglo y una etapa, el monumental Sol de la tarde -la primera obra que Sorolla vendió en Nueva York y que por primera vez sale de allí- abre la puerta al Sorolla que vendría y que permanece en la retina del imaginario colectivo. Es a partir de aquí cuando se descubre el colorido y la entrada de la luz. Es el Sorolla de La playa, Los niños jugando en la playa, el Paseo a la orilla del mar, El baño, El baño del caballo o El balandrito. Una etapa donde el azul y la luz mediterránea lo conquistan todo, y donde Sorolla ya es un artista en plena eclosión creativa, con su territorio definido y que tanto deslumbró en su día como sigue haciéndolo ahora. La última parte de esta etapa está dedicada a la madurez del pintor. Allí luce La siesta, un ejemplo de modernidad y de soltura, pero también se comprueba cómo Sorolla mantiene todo lo de su primera etapa y lo continúa aplicando en retratos como el de Luis Comfort Tiffany o el de José Echegaray. También en otra obra cumbre como La bata rosa.
Visión de España, la serie de paneles creados para la Hispanic Society, llenan otras dos salas de la exposición, de una muestra que se completa con un pequeño gabinete de otro Sorolla, el de los paisajes, los jardines y las miradas perdidas al horizonte.
Un hito
El gerente de la Fundación Bancaja, Miguel Ángel Utrillas, recordaba ayer que la inauguración de esta exposición culminaba el trabajo de cuatro años realizado por la entidad, que como hito ha permitido traer a la península la Visión de España. "La muestra salda una deuda histórica", dijo. Utrillas agradeció el trabajo realizado por todos los técnicos y especialistas que durante estos años han participado en la materialización del proyecto. "Aunque fue una bisagra en el cambio de siglo, esta exposición trata de colocar a Sorolla como pintor con talento y sacarlo de los tópicos, alejarlo del debate entre lo moderno y lo antiguo", añadió Zugaza.
"Es un pintor que parece fácil pero es complejo", sugirió Barón, en referencia a este artista que creó más de 4.000 obras a lo largo de su trayectoria. "Sólo hemos pretendido mostrarlo con naturalidad y brindar con sentido de síntesis el Sorolla más completo y algunos de los aspectos menos conocidos", afirmó uno de los comisarios de la muestra. Probablemente la deuda histórica no sólo está referida al hecho de que no ha sido hasta ahora cuando Sorolla ha entrado a lo grande en el Prado. Porque Sorolla en vida sí reconoció que su deseo era que Visión de España se hubiera expuesto en la pinacoteca antes de su viaje a Nueva York, algo que no se produjo, según desveló Díez, a causa de las diferencias que existieron en su día entre los propietarios de la serie y los rectores de entonces del museo. Un hecho que ahora es posible. Y además, a lo grande.