J.R.S. VALENCIA
La pregunta es qué pensaría Wagner, o también cómo aquel grupo parateatral que en los ochenta hacía correr a la gente asustada, perseguida por una sierra mecánica, puede ser capaz hoy de reconvertir y modernizar la Tetralogía de Wagner. Porque de eso se trataba, de hacerla diferente y nueva, poniendo al día un lenguaje que musicalmente el tiempo ha mantenido incorregible, pero no así la forma de explicarlo.
No se trata de una transgresión, pero sí de una modernización cuyos resultados impactan. Si hay que acercar la ópera a las nuevas generaciones, hay que darla en un lenguaje contemporáneo. Y la opción elegida por La Fura dels Baus es la de tratarla a través de las nuevas tecnologías, de la imagen cinematográfica, del videoclip, de colores y atrevimiento, mezclando los símbolos con la tradición pero sin inmiscuirse en lo que en sí cuenta la historia ni lo que simboliza, pero sí de mantenerla viva y, sobre todo, moderna.
El ocaso de los dioses, tercera y última jornada de El anillo del Nibelungo, es un montaje de cine, donde la orquesta pone la banda sonora. Mehta se mantiene como un lector fiel; los cantantes son los cómplices y La Fura pone el atrevimiento. Y además la hace llevadera, sin que el público pueda llegar a ser consciente de los cerca de trescientos minutos de música que se le avecinan.
Probablemente Florencia, donde se estrenó, quedaría sorprendida, pero en el Palau de les Arts hasta la supuesta modernidad del edificio de Calatrava puede llegar a quedar anticuada. Para los wagnerianos puede que sea otra la cuestión, pero no deben poner comas frente al respeto por la partitura.
Esta cuarta producción es la más atrevida de las realizadas por La Fura de esta Tetralogía. Y aunque en algunos momentos les falte ritmo, tampoco Carlus Padrissa parece haber querido modificar más de lo que le corresponde para no cruzar la línea de la transgresión.
En este Ocaso hay mucho de Fausto 5.0, y es como un compendio furero, como si el grupo catalán hubiese querido reinventar a Wagner y conseguir aunar en una misma escena la tradición mitológica con la contemporaneidad. Lástima que el aforo no se llenara, o que Camps, asiduo a los estrenos del coliseo, estuviera ausente en esta historia cuya acción parece transcurrir sobre un ojo del tiempo y donde el elenco vive la acción metido dentro de una película.