ANTONIO GASCÓ PEÑÍSCOLA
La Capella de Ministrers abrió el ciclo de conciertos de la décimo cuarta edición del Festival de Música Antigua y Barroca de Peñíscola. La agrupación que dirige Carles Magraner es, sin duda, la que más veces ha actuado en él, con repertorios muy variados, y que siempre ha dejado constancia de su nivel interpretativo.
En este caso, la referencia eran los poemas de Ausiàs March y otros autores, ora literarios, ora musicales de su tiempo, relacionados todos con la corte de Alfons el Magnànim.
Magraner estableció dos niveles de percepción en el programa, de una parte la solemnidad de cuño monteverdiano (el preludio con los sacabuches, timbales y chirimías del prólogo de la audición, recordaba en gran manera la fanfarria inicial del Orfeo) y de otra los madrigales en los que intervinieron las voces solistas del contratenor José Hernández Pastor y la soprano Pilar Esteban, acunados por los arcos, arpa doppia, órgano y clave. Era entonces cuando el acompañamiento patentizando el aliento del espíritu poético, introducía la intencionalidad de la música del siglo XV, con la caracterología de un espíritu idílico, intimista, herido de inspiración melódica y ensueño plácido, a un tiempo, siendo sensorial, palaciego y también apasionado en otra de las vertientes interpretativas. Esos madrigales de cierto empeño petrarquiano, gozaron de toda la autenticidad de su tiempo, contando con la elegancia exquisita de la interpretación de Hernández Pastor, vocalizada con hálito primoroso y la dignidad interpretativa de Pilar Esteban.
Las formas trovadorescas más animadas y danzables (como el Zappay, Chiave, chiave, Pase el agoaÉ, piezas algunas reservadas a los instrumentos y otras con la intervención de los dos solistas vocales) tuvieron un empeño mucho mas operístico y escénico. La Capella aunque tuvo muy claro el establecimiento de las posibilidades de la música del siglo XV, Magraner, se tomó no pocas libertades que no hicieron sino solemnizar la audición.