M. M. BAYREUTH (ALEMANIA)
Sabido es que el público del festival de Bayreuth da en conservador en lo escénico. Por eso no sorprende que abuchee de forma reiterada y hasta la extenuación determinadas producciones que se le ofrecen. Es el caso de Los maestros cantores de Núremberg, de la que se ofrece una producción, estrenada hace dos años, que lleva la firma de Katharina Wagner, bisnieta del compositor Richard y ahora codirectora con su hermana Eva del festival. El martes no importó al público que fueran cerca de las once de la noche cuando, tras recibir ovaciones los solistas vocales, salió a saludar Katharina. Abucheó con entrega y de forma ruidosa y casi unánime mientras la directora escénica agitaba en el aire su rubia cabellera en afectadas reverencias. Es un espectáculo que se repite desde 2007 y que no parece vaya a remitir hasta que no caiga de cartel la producción. Yo diría que incluso está logrando más abucheos que el espantoso y afortunadamente sustituido Parsifal de Christoph Schlingensief.
Probablemente la clave de este rechazo está en que Katharina Wagner no se limita a provocar, que lo hace y con ganas, sino que invierte las intenciones del texto de Wagner, al intentar presentar al ridiculizado Sixtus Beckmesser como un artista innovador, mientras pretende ridiculizar y denunciar como nazi el discurso de Hans Sachs, el verdadero protagonista de la obra, que Richard Wagner trata con enorme cariño. Este enfoque chirría y da lugar a una representación en la que los logros musicales, que son muchos, se ven empañados porque no llega a circular en ningún momento por los raíles previstos en el texto del bisabuelo de la directora escénica.
Acierto en el relevo de Hawlata
El año pasado los abucheos fueron compartidos por el alemán Franz Hawlata, que cantó un Sachs escaso de medios y que llegó materialmente sin voz al tercer acto. Su sustitución este año por el estadounidense Alan Titus logra que los resultados vocales sean infinitamente mejores y solo se echa en falta la dignidad que el personaje tiene en origen y Katharina le hurta. Tan buenos como los del tenor alemán Klaus Florian Vogt, cuya voz acentuadamente lírica no desmerece del personaje. Michaela Kaune (Eva), Norbert Ernst (David), Adrian Eröd (Beckmesser) y Artur Korn (Pogner) recibieron cerrados aplausos junto con el director musical, Sebastian Weigle, que ofrece una versión refinada que ha ido ganando con los años.
Muy distinto es el caso del Parsifal con producción del noruego Stefan Herheim y dirigido musicalmente por el italiano Daniele Gatti, que fue estrenado el pasado año. El montaje, complejo, barroco y efectista, hace coincidir la narración sobre Parsifal y el Grial con apuntes sobre la historia de Alemania el último siglo. Pese a lo pretencioso del intento, resulta feliz, con momentos estremecedores, como el final del segundo acto, en el que cuatro enormes banderas con la esvástica ilustran el final de la Segunda Guerra Mundial y la caída del nazismo. Solo unos tímidos y minoritarios silbidos acogieron esta escenografía al acabar el acto.
Hay que decir que en lo musical este Parsifal es realmente extraordinario. Gatti ofrece una versión lenta y preciosista, con una espléndida Kundry cantada por la japonesa Mihoko Fujimura, y un gran Gurnemaz del coreano Kwanchul Youn, ambos veteranos en el festival, con el doliente Amfortas del alemán Detlef Roth. No va a la zaga el espléndido Parsifal del británico Christopher Ventris, que cantó el mismo papel en Valencia esta temporada en el Palau de les Arts, ni el muy malvado Klingsor del alemán Thomas Jesatko.
Sólo un 12,3% consigue entrada
El Festival de Bayreuth continúa siendo no sólo es más antiguo de los de verano sino también al que más cuesta acceder, y ya es sabido que la lista de espera está en torno a los 10 años. Según datos de la organización, las personas que pidieron entradas para esta edición fueron 438.136, procedentes de 80 países. Solo las consiguieron 59.900, lo que supone un 12,3%. El Festpielhaus, inaugurado en 1876, donde se llevan a cabo las representaciones, de proverbial incomodidad, con asientos de madera sin brazos y sin aire acondicionado ni pasillo central, tiene 1.974 plazas. Desde 1966 cada año se celebran 30 representaciones y desde 1989 el festival se abre invariablemente el 25 de julio y se clausura el 28 de agosto.