ALFONS GARCIA VALENCIA
Olvido, indiferencia, desprecio, marginación. Son palabras habituales en las actividades y los comunicados de los músicos en valenciano a la hora de definir su relación con la Generalitat. El último ejemplo ha sido la resolución del Institut Valencià de la Música (IVM), dependiente de la Conselleria de Cultura, sobre las ayudas de 2009. Será el azar o el extraño sentido del humor de las coincidencias, pero diferentes propuestas del mundo de la cançó se han visto excluidas, de nuevo, en el reparto del maná institucional. El festival Feslloch, coorganizado por Escola Valenciana; el Nits d'Aielo i Art, promovido desde las esferas del Octubre Centre de Cultura Contemporània, o el homenaje a Joan Baptista Humet celebrado en su pueblo natal, Navarrés, son algunas de ellas, como adelantó Levante-EMV.
Pero basta de lágrimas. Es lo que deben haber pensado los más jóvenes de la música en valenciano, que a través del Col·lectiu Ovidi Montllor (COM), la organización que vertebra este sector cultural, han montado el COMcert este sábado en Benifairó de la Valldigna, un maratón de más de diez horas de música con el que obtener los fondos que la Administración no les da para financiar una nueva guía de músicos en valenciano. Pero, sobre todo, "es una forma de hacernos visibles en la sociedad y dar a conocer nuestro trabajo", asegura el presidente del COM, Manuel Miralles (uno de los fundadores de Al Tall).
"¿Marginación? Es algo peor. No hay peor discriminación que la invisibilidad, que nos ignoren", abunda el músico, quien agrega que también en este ámbito social hay empresas, "como en la Fórmula 1, pero nosotros parece que no somos nadie, sólo miseria".
Miralles reconoce que los veteranos llegaron a pensar que lo de la cançó tocaba a su fin, pero "de eso nada, porque la gente joven está haciendo muchas cosas". "Son los autores los que nos obligan a no parar, a no bajar los brazos, porque existe una creación brutal, en aumento", apunta el presidente del colectivo.
Llorenç Barber, más pesimista
Llorenç Barber, veterano exponente de la música experimental y director del proyecto Nits d'Aielo i Art, no es tan optimista. Siempre hay alguna razón burocrática, "alguna excusa difícil de creer", dice, para denegar la ayuda a festivales como el citado, lo que al final hace pensar que existe "una cierta lista negra de facto". "La tendencia general -afirma- es ni una sonrisa, ni un céntimo, a lo que sea crítico, problemático o suponga investigación". El resultado: "No existe la música valenciana en el mapa de la innovación".
Y Barber no ve síntomas positivos, aunque admite que su círculo de contactos es restringido. ¿La unión de los jóvenes? No es algo especial de Valencia, sino producto de la llegada de internet en los 90 y la nueva era que ha abierto. "Lo que veo es peor que hace 40 años, porque aún había esperanza de futuro. Hoy es la gran ausencia", sentencia.