BORJA CAMPOY ALICANTE
¿Qué pretende conseguir con la película "Todas las canciones hablan de mí"?
Aún no se muy bien lo que quiero. Se trata de una película sin argumento fijo ni línea narrativa. Es más un estado de ánimo. Trata sobre un tipo que construye su propio discurso, se contradice, se repite... No creo en el cine que cuenta grandes historias. Es un filme en el que no hay ni un sólo personaje que sea ingenuo, ni simpático, ni entrañable, que son estereotipos fáciles de representar. Pretendo hacer una película sencilla, que te sientes a verla y aunque no sepas a donde va, te enganche hasta el final. También me gustan los actores que tengo, porque no son los ideales para el personaje que interpretan.
¿Cuáles son sus primeras sensaciones como director?
Tengo mis dudas, voy aprendiendo, convivo con mi frustración... Es bonito ver tus limitaciones y sorprenderte con cosas que te gustan. Te chocas con la realidad, que a veces te aplasta pero que en otros casos es maravillosa y tu estás ahí para filmarla. Hay que abrir el cine a los sentimientos, no me gusta el cine cerrado, sino un cine vivo, imperfecto, que deja que la vida se cuele.
Habiendo sido guionista, ¿cómo ve el oficio de director?
El escribir guiones te ayuda a dirigir. Una de las cosas más peligrosas es ser esclavo de tu propio guión. Para filmarlo como escribes, mejor lo publicas. Me gusta rodar a contraguión. Y si el guión es mío, lo puedo destrozar con más tranquilidad. La profesión de guionista es maravillosa, pero muy incomprendida. Las relaciones con los directores son duras. El cine es una locura, una demencia que se te ocurre en tu casa y que tienes que trasformarla para que le guste a la gente.
¿Cómo es la experiencia de rodar en Ciudad de la Luz?
Los estudios están muy bien porque tienes todas las cosas que necesitas. Aunque siempre existe la ambivalencia que tenemos los directores de rodar en el estudio o en la calle. Nunca me hubiera imaginado rodar tan rápido en un estudio. Al principio se me hacía raro, pero tiene su parte buena. Trabajas con miedo, pero con mayor comodidad.
Su origen, ¿le abre más puertas en el mundo del celuloide?
Negarlo sería de imbécil. Es algo que me beneficia, aunque también despierta recelos. Es un oficio que he mamado desde pequeño. Me gusta discutir de cine con mi padre y mi tío. Tenía dos opciones, salir corriendo en dirección contraria o que me gustara. Mi experiencia me permite afrontar mi primera película con más tranquilidad, aunque tenga el listón más alto que otros. Pero me gusta esa exigencia.
¿Tiene muchas influencias a la hora de ponerse a dirigir?
Es algo delicado que hay que controlar, porque si no te puede comer. No te puedes engañar a ti mismo. Me gustan directores de todo tipo, pero me volvería loco intentando imitarles.
¿Cómo imagina su futuro dentro de esta profesión?
Me gustaría hacer películas y que le gusten a la gente. Pero el futuro es incierto porque hacer una película es muy complicado. Hasta para Spielberg es difícil. Lo digo sinceramente, yo que lo veo desde dentro. Cada vez tienes que empezar de cero y cada vez cuesta más. Es un medio muy difícil, que se encuentra en plena transición y no tiene estabilidad. Aún así, confío en la salud del cine y creo que le quedan muchas cosas por decir.
¿Qué opinión tiene de la situación actual del cine español?
No creo en el cine español, me sale urticaria cada vez que oigo ese término. El cine que haces no pertenece a un país por haber nacido en él. Depende de la sensibilidad que has mamado. No me gustan las etiquetas. No creo en fronteras, sino en gente que trabaja por el cine. Se genera un debate que no tiene sentido. El cine de aquí es tan bueno o tan malo como cualquier otro.