La estatua de la Libertad está en el exilio. Ignoro la propiedad de la frase, que hace tiempo tomé prestada y que de vez cuando, al producirse determinadas situaciones en la primera prepotencia mundial, vuelvo a recordar. A primeros de agosto en Long Branch, pueblo costero de New Jersey (USA), una persona fue detenida por "pasear sola sin rumbo fijo", con el agravante de "bajo la lluvia". The Daily Mail dió la noticia. De niños nos metieron en la cabeza que vivíamos en el Mundo Libre, en contraposición al territorio dominado por los malos. Y, dentro de esta parte del planeta, los Estados Unidos de América del Norte era el país de la libertad por antonomasia. Hemos crecido y comprobado que hay muchos niveles y conceptos de libertad, y que los mejores -niveles y conceptos- no siempre se hallan donde nos enseñaron. Resulta curioso que pueda existir en Norteamérica un joven agente capaz de entender que puede ser llevado a comisaría un señor casi septuagenario por el sólo hecho de pasear libremente. Al policía en cuestión no le enseñaron educación para la ciudadanía, asignatura imprescindible, sobre todo, para todos los que poseen permiso de pistola y porra. Lo que no cuenta el diario es que, cuando aquel hombre fue puesto en libertad, volvió a la calle y paseó sin rumbo, esta vez entonando bajo la lluvia una de sus viejas canciones: "No llores, mi querida / Dios nos vigila / Pronto el caballo nos llevará hasta Durango / Agárrame, mi vida / Pronto el desierto habrá pasado / Pronto estarás bailando un fandango". El arrestado, el paseante solitario, era Bob Dylan. Y es que ya no cuidan ni a sus héroes nacionales. Toda una institución encarcelada por la ignorancia de la autoridad. Y es que vivimos tiempos en que los ignorantes han alcanzado sus poderes en todos los campos. ¿O no? Me diréis que habrá alguna excepción y os diré que haberlas haylas, aunque no parece que se dejen notar demasiado. Y no me negaréis que, en esto de las libertades, la cosa se nota lo suyo. Otro trovador de nuestros días -con próxima actuación en Valencia- evidencia sus ansias de libertad en sus canciones: "Como un pájaro en un cable, / como un borracho en un coro de medianoche, / he intentado ser libre". En otra tonada, Leonard Cohen, camino de los 80, manifiesta su esperanza: "¡Oh! El viento, el viento sopla / a través de las tumbas el viento sopla. / La libertad llegará pronto. / Entonces volveremos de las sombras". Acabo con el final de Mr. Vértigo, de Paul Auster, acabo con un corte de mangas a esta sociedad en la que nos han incluido: "Cierras los ojos, te dejas evaporar. Y luego, poco a poco, te elevas del suelo. Así".