J.R.S. VALENCIA
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El bloqueo a la renovación estatutaria de la mitad de los miembros del Consell Valencià de Cultura (CVC) por parte de las Corts Valencianes no sólo viene a reflejar el poco apego que la cámara autonómica parece tener por el organismo sino que, sobre todo, ha situado a la institución en un punto muerto que sólo se salva gracias a las dietas.
Más de un año ha transcurrido sin que los grupos políticos hayan movido una ficha en torno a este asunto. Todo parece indicar que aún tardará, a tenor de las manifestaciones de los portavoces parlamentarios en torno a pactos entre los dos grupos mayoritarios.
Esta situación no sólo afecta al propio funcionamiento en sí del organismo sino sobre todo ha generado cierto malestar entre los miembros de la institución, tanto de los salientes como entre los que permanecerán que no se atreven a lanzar nuevos retos por la situación de provisionalidad o se mueven sin interés. De hecho, su presidente, Santiago Grisolía, urgía en abril a las Corts a la renovación urgente alegando que algunos de sus miembros ya eran "bastante mayorcitos". No ha tenido éxito.
Pero además, la situación interna-dos de los miembros elegidos por el PP fallecieron-deja los acuerdos internos en una balanza complicada. Sólo la retención de la dimisión presentada en su día por Elena Negueroles, elegida propuesta del PP, impidió incluso que el PP pudiera quedar en muchas votaciones en minoría.
Ramón de Soto, Vicent Álvarez, Ricardo Bellveser, Manuel Ángel Conejero, Juan A. Montesinos, José María Morera, V. Muñoz Puelles, Elena Negueroles, Isabel Rios, Primo Yúfera y Juan Ferrando Badía se enfrentan a esta renovación. El reglamento del CVC permite una nueva reelección, pero en el eno del Consell se es consciente de que el organismo necesita caras nuevas que le ayuden a dar un nuevo impulso al máximo órgano consultivo de la Generalitat Valenciana.