José Luis García Molina era setabense privilegiado: tenía Vespa. Ramón Pelegero Sanchis, «Pele» para los amigos, y también setabense, tenía la suerte de ser amigo de José Luis «Cote» para los íntimos. De paquete en la Vespa, una tarde veraniega comenzó Ramón a tararear una canción que consiguió acabarla y la tituló Al vent, que era en parte consecuencia del viento que le había soplado a la cara en la motocicleta. Me la cantó por vez primera en un vagón de tercera. Él iba camino de Londres a fregar platos y aprender inglés y yo me apeé en Vila-real.
Joan Fuster y Vicent Ventura acompañaban a Vicent Andrés i Estellés a recoger las flores naturales que ganaba en los Juegos Florales. Los tres tomaban café con jóvenes progresistas y valencianistas como Eliseu Climent, en el Café Baleares en la Avenida del Oeste.
Los tres convirtieron la taberna «Casa Pedro» en un centro cultural. Con el consentimiento del dueño de la casa, Javier Marco, promovieron un premio literario de novela corta y en la entrega de uno de ellos, Ramón Pelegero cantó Al vent. Fuster se entusiasmó y creyó en el proyecto Raimón.
Por entonces Pele ya había escrito su Llibret de versos que regaló en Navidad a una compañera suya, amiga fuerte. Por entonces frecuentábamos el Colegio Mayor de la Asunción, en la calle Sanchis Sivera. Rafael Martínez y Carmen Martínez era los novios formales. A él lo encontré en los años setenta en Saint Sulpice (Suiza). Mari Carmen Altés iba para catedrática de Ciencias. Pepa López, guapa, alta, médico, de la Vila y chocolatera, era la más hermosa de aquellas mujeres. Es de las que se casan con otro. Lourdes Igual y Mari Carmen Castrillo eran dos alegrías. Ésta fue novia de Manolo Costa Taléns, años después decano de la Facultad de Farmacia y nieto de don Genaro Taléns, conocido abogado de Carcagente, quien tras la Guerra Civil defendió gratuitamente a presos rojos. Juanito Piniés, estudiante de Ciencias, era el único que sabía inglés y con la guitarra nos cantaba canciones de Los Platers. Su novia, Amparo Gil y las Latonda, componían el grupo de alumnas de Ontinyent. Amparó Catalá, hija del un médico alcoyano y Encarna Ramos, de Vila-real, eran nuestras amigas fuertes del 59.
El Colegio Mayor contaba con un coro que dirigía Jesús Ribera Faig, quien también dirigió el Orfeón Universitario con el que se estrenó en Valencia Carmina Burana.
El 2 de mayo fuimos a la playa de La Arenas. Era nuestro primer baño y en aquél tranvía amarillo con jardinera nos ganamos buena reprimenda de una peixatera que no toleraba la mínima caricia entre los novios.
Aquella Valencia todavía tenía tranvías por las principales calles de la ciudad. El 5, de color azul, hacía el recorrido de circunvalación. En la esquina de Xátiva con Ruzafa era característico el chirrido al tomar la curva. En las habitaciones del Hotel Metropol o del Hostal El Faro, encima de la Relojería Jiménez, no había mejor despertador que el tranvía que subía de Ruzafa.
Los estudiantes tenían alrededor de la Universidad, los locales donde reponer fuerzas o simplemente pasar la tarde. Además de «Casa Pedro» existía «Casa Amadeo» donde Pele también cantaba entre los amigos si venía el caso. En Mossen Femades estaba el comedor del Seu a quince pesetas el cubierto y los aperitivos baratos, en Los Pajaritos. Raimon, Manolo Costa y yo frecuentábamos el Bar Amorós donde Manolo nos servía bocadillos de blac i negre por menos del duro. La tarde de baile económico, en el sótano del local del Seu en la calle Comedias frente a la Universidad.
Allí se juntaban Martín Domínguez, hijo, y Concheta Navarro, y Sanchis Sinisterra que aún no soñaba con escribir ¡Ay Carmela!, con una muchacha de Chella. Bailar en la Sala Lara era para los paso de ecuador o si se quería y podía impresionar a la muchacha.
José María Morera, estudiante de Derecho, ya había hecho sus primera armas en el teatro. Fueron funciones de Café teatro en «Casa Pedro» y en el viejo y desparecido Café Lauria. Morera fue luego figura teatral en Madrid hasta que decidió retirarse en Valencia.
Próximo capítulo: La vida teatral. «Valencia era entonces ciudad teatral. Las mejores compañías de comedia, revista y zarzuela hacían temporada...»